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martes, 1 de mayo de 2012

AGONÍA DE LA ARGENTINA



Hace ya algunos años murió el exmandatario argentino Néstor Kirchner. Al respecto, creo pertinentes algunos comentarios: tanto él como su esposa  -y actual mandataria-  Cristina, han sido la segunda pareja presidencial más corrupta y nefasta de toda la historia argentina,  solamente superada por sus émulos: Juan Domingo Perón y la tristemente célebre Evita.

Es triste ver cómo un país que, hasta hace sólo sesenta años, es decir, poco más de medio siglo fue el quinto país más rico del mundo, y que no sólo fue rico en cuanto a recursos naturales y por convertirse en el granero del mundo, sino que fue rico también por su adelantada civilización y la cultura de su pueblo. Aquella Argentina que dio al mundo a  Jorge Luis Borges, a Ernesto Sábato, a Julio Cortázar, a Adolfo Bioy Casares y  Alfonsina Storni; Aquella Argentina de la milonga y el tango que vio caminar y cantar por sus calles a Gardel (que por más que Uruguay y Francia se peleen su origen, él amó a Argentina, cantó a la Argentina y ¡es argentino y ¡punto!), sea hoy un país tan pobre, atrasado y corrupto; y cuya caída en picada parece no tener cuando acabar tomando en cuenta las recientes medidas  -absurdas y suicidas-  que incluyen estatizaciones y la prohibición de algunas importaciones (la de libros, por ejemplo).

Todo cambió para ese pobre país el día en que la pareja Perón tomó el poder. El grosero dispendio que se hizo de sus recursos en el vergonzoso proyecto nuclear más conocido como “Proyecto Huemul”, con el que Juan Domingo Perón pensaba concretar su alianza con el partido nazi, en tanto los estandartes con las esvásticas ondeaban en todos los organismos del estado. El despilfarro grotesco de sus arcas en costosísimas joyas y otras excentricidades que provocó la desclasada de Evita, y lo peor de todo, las astronómicas sumas de dinero que se regalaron a manos llenas a las clases populares argentinas, envileciéndolas, denigrándolas y malacostumbrándolas a la mendicidad perpetua (es muy fácil ser generoso con dinero ajeno, es ganarse indulgencias con avemarías ajenas y ganarse el afecto de unos con el sacrificio de otros).

Jorge Luis Borges, en su indiscutible erudición e infinita sabiduría, tuvo una frase muy dura para con Eva Perón: “Eva Perón no deberá entrar a la historia de la Argentina porque es una prostituta”. Esta frase fue astutamente malinterpretada por los políticos de izquierda y los movimientos feministas (que por entonces caminaban de la manito). Lo que quiso decir Borges, es que el término “prostituirse” implica la entrega de todo, (cuerpo y dignidad) a cambio de poder y dinero, y en ese contexto encajaba perfectamente la inefable Evita.

Han pasado poco más de sesenta años, y Argentina nunca más fue la misma. El estigma de Perón los acompaña hasta el día de hoy. En la década de los noventa los peronistas regresaron al poder con Menem. Nuevamente la corrupción sacó su rostro más cínico y nefasto. Este oscuro personaje liberó de la cárcel nada menos que al general Videla, quien fuera uno de los genocidas más temibles de la América Latina del siglo XX. Tampoco olvidemos su altísima traición al Perú con la venta de armas al Ecuador en pleno conflicto del Cenepa. 

Luego de sucesivos y breves gobiernos fracasados, nuevamente llega al poder el peronismo encarnado en la pareja Kirchner. Nuevamente el despilfarro, el populismo y la corrupción se institucionalizan y enraízan en lo más profundo de las estructuras de la sociedad argentina; de esa Argentina actual en que la bailanta y la cumbia villera han desplazado al tango, la milonga y al rock… de esa Argentina actual, cuyo pueblo ya no es el más cultileído de América Latina… de esa Argentina actual en cuyas calles ya no se respira cultura y educación… de esa Argentina actual en donde cuesta imaginar a los fantasmas de Borges y su amigo Sábato caminando despacio y conversando amenamente por la Avenida Rivadavia.

MAURICIO ROZAS VALZ

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