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martes, 31 de julio de 2012

DESCANSO



Arturo salió a caminar solo. Fumaba su penúltimo cigarrillo, cuya brasa se atizaba con el inclemente viento que venía desde las heladas aguas del mar del sur. La humedad del frío traspasaba todas las capas de su abrigadora ropa y casi no podía ver nada por la densa niebla; sólo las luces de los postes y de algunos pocos automóviles que transitaban a esa hora. Aún así, seguía caminando a paso apurado y frotándose las manos para calentarse un poco. No sabía con precisión a donde se dirigía y tampoco le importaba mucho. Avanzaba sin reparar en los esporádicos transeúntes que se cruzaban en su camino. Ni siquiera reparaba en los perros (lo que poco tiempo atrás hubiera sido impensable).

Arturo seguía su camino sin detenerse, sin siquiera desacelerar el paso. Caminaba a paso firme y decidido a no mirar atrás. Dejó en su punto de partida todo, absolutamente todo. Tanto lo que pudo ser y fue, como lo que no pudo ser y no será, todo. Dejaba una historia ¿su historia? ¿La historia? En fin, qué más daba.

Seguía su camino. Los postes pasaban como automóviles. Disfrutaba la niebla, la humedad y el frío. Y vaya que los disfrutaba; no paraba de frotarse las manos en la actitud típica de quien va a disfrutar un banquete. Encendió su último cigarrillo y empezó a fumar con voluptuosidad. Disfrutaba cada bocanada de humo, cada gota de rocío que caía en su rostro, contaba cada metro que dejaba atrás.

En su mente había fuegos artificiales; un mar de rostros, de voces que le hablaban. No diferenciaba  -en ese caos-  las voces y los rostros que le fueron queridos de los que no lo fueron, le daba lo mismo ser un ingrato; nadie podría enterarse.

Terminaba su último cigarrillo y eso no le fastidiaba. Ya nada podía disgustarle. Él  seguía su camino, ya nada podía  -ni querría-  detenerlo.  Seguían pasando los postes, los autos, los perros. Arturo era al fin un hombre libre.



MAURICIO ROZAS VALZ

viernes, 27 de julio de 2012

BRUNELLA



Nunca llegaré entender el infinito rencor que me llegó a guardar Brunella. Una vez más me convencí de que la razón y el sentido común son sólo argumentos individuales para justificarnos ante nosotros mismos, y que la comprensión entre dos seres humanos es siempre relativa, y está siempre llena de concesiones pacifistas que sólo el amor puede mantener en silencio.

Hoy la vi, saliendo de un centro comercial, algo regordeta en su 4 x 4, con su nana uniformada de blanco sentada en la fila de atrás cargando un niño, al lado de una silla para bebés. Han pasado cinco años desde la última vez que la vi. No obstante, me miró con el mismo odio conque me mirara los últimos tres años en que tuve que soportar sus agresiones. Confieso que su mirada logró asustarme. Rebuscaba una vez más en mi memoria algún suceso, alguna actitud mía, algo razonable que pudiera explicar tanto viejo encono, al parecer eterno.

Durante ese ejercicio de memoria, recordé gratamente como empezó nuestra leve y breve historia. Quizá en lo leve que fue para mí radique la razón de su rencor. No encuentro otra explicación. Su primo era mi amigo. Cierta vez me llamó para que lo acompañase al cumpleaños de una de sus primas, oferta a la que inicialmente me resistí porque ya era bastante grande como para zamparme a una fiesta a la que no había sido invitado. Él me convenció. Delante de mí la llamó por teléfono avisándole que iría con un amigo, y acercó su teléfono a mi oreja para que escuchara:

–Encantadísima primo, con toda confianza. ¿Qué tal está tu amigo?

–Horrible prima, horrible, pero es buena gente –respondió mi amigo, y ella se despidió riendo.

Camino a la fiesta, le pedí a mi amigo que parara en un supermercado para comprar algo. No quería aparecerme en un cumpleaños con las manos vacías. Compré un ramo con tres botones de rosas rojas y una botella de vino tinto. Mi amigo empezó a burlarse. Me dijo que abandonase esas costumbres provincianas, que su prima se reiría de mí. Antes de bajar del auto, dudé si dejarlo todo o entrar a la casa con el ramo y la botella en las manos. Tomé valor y bajé con los regalos, pese a los gestos de desaprobación de mi amigo.

Brunella nos abrió la puerta, abrazó a su primo, y él luego nos presentó. Le di un tímido abrazo y le entregué avergonzado las rosas. Ahí creo que empezó todo. Sus ojos se encendieron, se tomó el pecho con la mano derecha y me dio un beso. Sí que era linda Brunella, vaya que sí, muy linda. Quedé medio atontado y caminé nervioso hacia la sala de su enorme y lujosa casa.

Durante la fiesta todo fueron atenciones y sonrisas para conmigo. Bailamos algunas canciones y sucedió algo terriblemente vergonzoso. Conforme iban pasando las horas, las conversaciones y los bailes, se me pasaron las copas y me emborraché. Si bien felizmente supe luego que no había hecho ningún escándalo, recordé unas manos que me movían los hombros. Era Brunella, quien me despertaba porque me había quedado dormido en una pequeña sala que estaba a oscuras. De la vergüenza se me pasó la borrachera. Me despedí de ella, quien, lejos de molestarse, me miraba con una sonrisa piadosa y me hizo un guiño de complicidad. Me trajo un café y me sugirió que me quedara un rato hasta que me sintiera mejor. No le hice caso, la vergüenza fue mayor y le pedí que me enseñara la salida de servicio por el garaje y me fui.

Al día siguiente, desperté arrepentido y con la típica crisis de nervios post-borrachera. Me preocupaba pensando qué habría pasado en el lapso entre que bailaba con ella y desperté en la salita oscura. Mi memoria había borrado toda una parte de aquella fiesta. Llamé a mi amigo, quien me preguntó con quién me fui y a qué hora. Le conté lo sucedido. Le dio un ataque de risa: “Ya perdiste cholo, ya perdiste”, me dijo con cariñosa crueldad.

Decidí no tocar más el asunto y esperar a que pasara un tiempo. A los tres días, me encontré con Brunella en el club al que solía ir siempre con su primo. La abordé y le pedí disculpas. Me dijo que no me preocupara, que hubo un momento durante la fiesta en que me fui a paso lento y en silencio hacia la sala del sótano y que no regresé mas, que no había hecho nada malo, lo cual  me alivió mucho. “Son cosas que pasan siempre, tú tranquilo”, me dijo ella en tono muy dulce. Le propuse tomar una cerveza y fumar un cigarrillo en las poltronas de la piscina. Fuimos y conversamos mucho. Su primo me avisó para irnos y ella se ofreció a llevarme. Conversamos un rato más y subimos a su auto camino a mi casa. Llegamos a la puerta, y al despedirme, le robé un beso y luego bajé presuroso para no darle tiempo a hacer preguntas ni reclamar nada.

Luego de eso, me enteré por su primo que ella tenía un novio con el que llevaba como cuatro años, y que éste se encontraba en Europa siguiendo una maestría, lo cual me entristeció mucho. A los pocos días me la encontré nuevamente en el club y me saludó muy coqueta y sonriente. Le pregunté a boca de jarro sin ocultar mis celos si era cierto lo del novio. Me respondió que sí. No quise hacerle más preguntas para no oír cosas que pudieran acrecentar mi dolor. Me puse serio, y tratando de disimular, me despedí de ella con un beso en la mejilla. “¿Estás molesto?”, me preguntó muy suelta de huesos. Le dije que no, que estaba cansado y quería irme a casa. Se encogió de hombros y me hizo una seña de adiós con la mano derecha.

Durante esa noche, me quedé pensando en cómo debería actuar en adelante con ella, tomando en cuenta que tendría que seguirla viendo, pues empezamos a frecuentar los mismos lugares y el mismo grupo de amigos. Decidí, luego de muchas vueltas, que le seguiría el juego y que nunca más le preguntaría por su novio, a ver qué pasaba, y en efecto, así lo hice.

Pasaron varias semanas en que nos seguimos encontrando, unas veces por “casualidad” en el club, otras, ya previamente coordinadas por teléfono. Toda nuestra historia real no duró más de cinco meses, durante los cuales las dudas sobre lo que realmente significaba aquel novio para ella me atormentaban. Si no era tan importante ese tipo, me preguntaba por qué entonces no terminaba con él y formalizaba lo nuestro, dadas mis evidentes demostraciones de amor e interés por ella.

Todo eso me fue cansando. Las últimas semanas ya evitaba encontrarme con ella. Hasta que una noche de un jueves de enero hubo un suceso que cambió el rumbo de los acontecimientos para siempre. Me encontré con una ex novia, a la que no veía desde hacía cuatro años. Nuestra historia había quedado trunca por impedimentos entonces insalvables. El verla fue como retroceder en el tiempo y despertarlo todo y empezamos entonces un tormentoso romance. Pero ésa es otra historia.

Como nunca hubo compromiso entre Brunella y yo, no consideré necesario contarle nada. Simplemente desaparecí de su vida sin despedirme ni darle ninguna explicación. Supe por su primo que cuando se enteró, se enfadó mucho, que inclusive se puso a llorar a mares maldiciéndome. Él  me dijo que todo eso le parecía una frescura, que con qué raza se molestaba si ella nunca pensó en terminar con su estudioso novio. Por supuesto, yo estaba de acuerdo con él.

Nunca más conversamos ni cruzamos palabra. Nunca llegó a haber las aclaraciones pertinentes y tampoco ya me interesaban. Supe que al poco tiempo regresó su novio y la pidió en matrimonio. Pensé que eso sería suficiente para poner tierra, cemento y lápida al asunto, pero no fue así. Amigos comunes me comentaban que ella hablaba muy mal de mí, cosas inimaginables que me dejaron estupefacto.

Al cabo de un tiempo me hackearon el correo electrónico y enviaron a todos mis contactos correos llenos de barbaridades supuestamente escritas por mí. Luego me di cuenta que habían entrado a la casilla de voz de mi celular porque nunca cambié la clave universal. Y lo mismo con en el teléfono de mi casa. Pude confirmar que había sido ella, ya que en los correos que envió desde mi dirección, firmaba con un apodo que sólo ella utilizaba para dirigirse a mí. En verdad logró asustarme. No sé como averiguó el teléfono de mi novia y la hacía llamar con algún tipo amenazándola de muerte. Una verdadera pesadilla, no lo podía creer ni entender. En ese plan estuvo cerca de un año, sin que nada ni nadie pudiera convencerla para dejar de hacerlo. Incluso le mandé a decir que si seguía le haría saber a su novio de lo nuestro. Ni eso la persuadió. Pues lo hice, y el muy idiota de su novio se había creído el cuento de que la cosa era al revés. Que era yo quien me había obsesionado con ella y sólo quería separarlos con mentiras. Lo cual me abrió un frente más. Vivía aterrado por lo que ella o él pudieran hacerme a mí o a mi novia.

Decidí alejarme de todo lugar y amigo común para siempre. Incluso me mudé de casa. Cambié de número de celular y creé una nueva cuenta de correo electrónico. Aun así solían llegarme sus infamias. Me contaron que cuando se emborrachaba siempre sacaba “nuestro” asunto sobre el tapete para demolerme con sus calumnias. Poco a poco todo se fue calmando, sus ataques se hicieron más espaciados hasta que no supe más de ella ni la volví a ver. Hasta hoy.

Luego de ver nuevamente su intimidante expresión de odio que yo creía olvidado,  me puse a pensar en qué habría sucedido realmente, qué podría haber pasado por su cabeza. Quizá lo que ella esperaba era que yo le preguntara más por su novio, que le rogara para que terminase con él, que le suplicara para que lo dejara para estar al fin juntos, o que me tirara al piso pidiéndole que fuera sea sólo mía. Nunca lo hice… Quizás fue eso. Quizás. No lo sé.



MAURICIO ROZAS VALZ






martes, 24 de julio de 2012

ÚLTIMO LECHO




Armando tenía un hermano mellizo llamado Ignacio, quien se volvió alcohólico entrada la adolescencia como consecuencia de la muerte de sus padres en un terrible accidente y por ende no pudo estudiar, y para quien, a partir de ese momento, todo en su vida serían infortunios.

Terminada su carrera, Armando fue llamado para trabajar en una transnacional que quedaba en la capital y con un cargo muy alto. La gran preocupación para Armando fue siempre su hermano Ignacio, de quien siempre se ocupó y quien cada día se hundía más en sus depresiones y en su pernicioso vicio; pero no había nada que hacer, Armando no podía dejar pasar esa gran oportunidad. Hizo sus maletas y con el dolor de su corazón se tuvo que marchar.

El tiempo fue ganando a Armando, quien además se casó al poco tiempo de llegar a la capital y tuvo tres hijos seguidos uno del otro. En todo ese tiempo no dejó de asistir económicamente a su hermano, pero el destino y las demandas de tiempo y recursos económicos propias de su nueva familia, impedían que visitase a su hermano y hacían que cada vez su ayuda hacia él fuera menor.

Luego de algunos años, Armando se enteró de que Ignacio había falsificado su firma para vender la casa que les habían dejado sus padres. Esto le molestó mucho, y no porque pensara que a él debiera corresponderle la mitad, sino porque sabía positivamente que, dados los vicios y la casi nula lucidez de Ignacio, estaba seguro de que la casa habría sido vendida por debajo de su valor comercial, y también, porque además sabía que Ignacio no tardaría en dilapidar ese poco dinero. Se enteró también de que cada vez estaba peor, y pensó que ya no tenía caso pensar en ello y dejó de llamarlo y de asistirlo.

Pasaron muchísimos años, décadas, tantos que ambos se hicieron viejos. Armando sabía cada vez menos de su hermano, y lo poco que conseguía saber lograba entristecerlo. Supo que su hermano no sólo seguía bebiendo, sino que se había vuelto completamente loco, y que caminaba andrajoso por las calles y dormía en las bancas de las plazas. Incluso en dos oportunidades fue a buscarlo a su ciudad y no lo logró encontrar. Luego supo que unos curas que conocían a su familia lo habían recogido para internarlo en su albergue.

Una tarde cualquiera, cuando Armando salía de su oficina rumbo al garaje donde parqueaba su auto,  le pareció divisar en la vereda de enfrente a su hermano, quien, -según contaba Armando-  se dio cuenta de que él lo vio y empezó a acelerar el paso. Armando intentaba cruzar, pero el tránsito congestionado no lo dejaba; desesperado, cruzó como pudo esquivando los autos y ganándose varios tañidos de claxon y toda clase de insultos. Logró al fin cruzar y, quien él creía su hermano, había conseguido sacarle una considerable distancia. Intentó correr y empezó a gritar su nombre para que se detuviera. Luego de tres cuadras de persecución y al doblar una esquina… no volvió a ver a quien él creía su hermano.

Agotado y resignado, Armando retomó su camino al garaje, tomó su auto y se marcho a casa. Ya en su casa, toda esta escena lo había dejado confundido y no estaba dispuesto a dejarlo ahí. Llamó a unos primos que tenía en su ciudad y les preguntó si sabían algo de Ignacio. Su prima le dijo que sí, que es más, que había tratado de ubicarlo para contarle que Ignacio se encontraba muy enfermo e internado en la clínica de los curas que lo acogieron, y que tenía pocas posibilidades de sobrevivir. Armando hizo inmediatamente sus maletas, le pidió a su hijo mayor que lo acompañase y se dirigió al aeropuerto a tomar el primer avión que saliera hacia ese destino.

Al llegar, antes de buscar hotel, lo primero que hizo fue dirigirse a la clínica donde se encontraba Ignacio, quien a pesar de su demencia reconoció inmediatamente a su hermano y se paró de su cama para abrazarlo en llantos inconsolables. Armando tampoco pudo contenerse y estuvieron algunos minutos abrazados. Luego de eso le presentó a su hijo  -quien se llamaba Ignacio, como él-  de pronto se acercó la enfermera, le inyectaron los calmantes de siempre y quedó profundamente dormido.

Armando conversó con los médicos, quienes le dijeron que Ignacio ya no tenía posibilidad alguna de sobrevivir y que le daban como máximo una semana de vida. Esto entristeció mucho a Armando, se sentía culpable además por haber abandonado durante tantos años a su débil hermano dejándolo a su suerte. Maldecía a su esposa por egoísta tratando de buscar algún culpable más para aliviar su conciencia. Finalmente nada lograba consolarlo… nada.

Pasaron cuatro días e Ignacio parecía que había entrado ya en la etapa terminal. Para esto, a Armando lo llamaron de su trabajo exigiéndole su presencia con carácter de urgencia para un comité al día siguiente so pena de ser reemplazado. Entonces, le pidió a una de sus primas que lo acompañase a la funeraria a escoger un ataúd y a un cementerio privado para comprar una tumba, quería dejar todo en orden para la inminente muerte de Ignacio. Luego de ese penoso trámite, entró a la sala de cuidados intensivos de la clínica para despedirse con un beso en la frente de su hermano, quien se encontraba entubado y sedado.

Tomó un taxi rumbo al aeropuerto, ahí le dijeron que no había cupo en ningún vuelo hacia la capital hasta dentro de tres días. Tomó entonces otro taxi rumbo al terminal terrestre, y logró embarcarse junto con su hijo en un bus que partía en los siguientes quince minutos. Al fin el bus partió. Armando no dejaba de sollozar y su hijo trataba de consolarlo, se le venían a la mente todos los juegos, travesuras y secretos que compartió con su hermano mellizo cuando fueron niños y hasta la adolescencia. Recordaba también, aquella horrorosa tarde en que les avisaron que sus padres habían tenido un accidente, recordaba la desesperación y la expresión de dolor de su hermano Ignacio, quien pese a ser su mellizo, siempre fue más débil y su protegido. Todo eso le iba contando a su hijo mientras viajaban.

Habían pasado sólo dos horas de viaje, cuando de pronto el bus empezó a derrapar y a irse de lado a lado y cayó a un barranco de ciento cincuenta metros de profundidad. A los pocos minutos llegaron las ambulancias y todos fueron trasladados a la ciudad. Al hijo no le pasó nada, quedó ileso; Armando murió llegando al hospital. Horas después llegó una de sus primas a recoger a su sobrino y a que le entreguen el cuerpo de Armando, quien fue velado y enterrado en el mismo ataúd y la misma tumba que el día anterior había comprado para Ignacio.

Luego se supo que Ignacio se recuperó milagrosamente y sobrevivió muchos años a su hermano… el buen Armando, a quien jamás podría pasársele por la mente que aquel lujoso ataúd de caoba que esmeradamente escogiera para su hermano… sería su último lecho.

MAURICIO ROZAS VALZ







domingo, 22 de julio de 2012

RESACA




¡Cuánto masoquismo hay en una borrachera!

La mirada se nubla, se pierde el equilibrio

La lengua duplica su peso, la conciencia nos abandona

Y con ella la discreción y la prudencia



 El gusto se atrofia y el olfato se agudiza

 Al punto que podemos oler el celo de la hembra

 Como cualquier mamífero (y como tales nos comportamos)



Las penas en vez de ahogarse “engordan y crecen”

Supuran las heridas que creíamos cicatrizadas

Y la memoria se excita recordándonos viejas deudas

(Tanto por pagar como por cobrar que ya creíamos saldadas)



Ahí no acaba la cosa

El sueño es pesado y despertamos aturdidos y angustiados

La memoria nos entrega un informe confuso de lo sucedido

Y todos nuestros fantasmas nos visitan en hordas



El hígado, el estómago y la cabeza

Presentan sus justificadas quejas por tanto maltrato y desconsideración,

Y los fantasmas no se mueven,

Creemos haberlos ahuyentado al conciliar el sueño... pero no,

En sueños su presencia se torna más real y agresiva



Despertamos sudorosos y todo es silencio

Sólo se oye una gotera a lo lejos que no podremos ubicar

Luego de todo esto,

Juramos por todos los santos no volverlo  a hacer

En vano... claro está.



MAURICIO ROZAS VALZ




viernes, 20 de julio de 2012

17 FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE LIMA



Estimados amigos lectores, ayer arrancó el evento librero más importante del país, y Casatomada no podía perderse de esta fiesta del libro, así que los invitamos a que visiten nuestro Stand (el 74) para que vean todos los títulos que tenemos para ustedes, nacionales e internacionales. Dentro de esos títulos está también  NUNCA A TIEMPO a precio de feria.

La feria está en el Parque de los Próceres, frente al Círculo Militar, a una Cuadra del Rebagliatti, en plena Av. Salaverry: imposible perderse.

¡Empezó la Feria Internacional del Libro! ¡Todos a leer!

jueves, 19 de julio de 2012

TARDE-NOCHE




Una mañana llegó tarde y conoció a más tarde,

tarde se quedó en la noche,

le pareció buena idea pasar esa noche con más tarde,

y a más tarde también le gustó la idea



Le propuso a tarde quedarse hasta la mañana

y tarde decidió traer su mañana para quedarse con más tarde



Más tarde pensó: ¡Qué bueno!

tarde y su mañana estuvieron de acuerdo.



Más tarde esperó una noche a tarde,

y tarde llegó en la mañana con su mañana

y comunicó a más tarde que se iba... con su mañana,

que conoció un amanecer,

y aquel amanecer le ofrecía más luz,

y le propuso esperarle hasta más tarde.



Y así... más tarde perdió a tarde y mañana,

y sintió próxima la noche.



Llegó la noche al fin para más tarde,

y a tarde a su vez decepcionó la brevedad de la luz

de aquel amanecer...tan prometedor



Desesperada buscó a más tarde,

corriendo con su mañana,

pero más tarde se había hecho ya noche…

... ya era muy tarde.



MAURICIO ROZAS VALZ






miércoles, 18 de julio de 2012

SUEÑOS FEBRILES



Si nos ponemos optimistas, veremos que hasta a la fiebre se le puede sacar provecho. Es bajo estados febriles intensos que nuestra imaginación se excita y, en base al estado anímico por el que pasemos, podemos ver películas alucinantes proyectadas en el ecran tridimensional de nuestra mente. No hay que tenerles miedo. Suelen ser terroríficas y asfixiantes, pero también eso se puede disfrutar.

Las alucinaciones y las pesadillas, al igual que algunas novelas y las películas sórdidas, nos dejan el placer de despertar a una realidad no tan atroz si comparamos ambos escenarios; es más, nuestra realidad puede parecernos hasta maravillosa. Cosa muy distinta a los sueños, en los que algunos de nuestros más anhelados deseos se cumplen en escenarios celestiales e imposibles de encontrar sobre la tierra. Sueños en los que aparecen personajes  a los que conocemos y queremos con amor unilateral y triste… y de pronto los vemos transformados en encantadores fantasmas que nos cobijan y arropan con ternura y  mágica complicidad, y que resulta quimérica en la árida realidad a la que despertamos… frustrados, tristes y desencantados; maldiciendo el hecho de haber despertado y anhelando volver a dormir para que aquellos sueños continúen y no despertar jamás.



MAURICIO ROZAS VALZ




martes, 17 de julio de 2012

CALIFORNIA





 ( California -  Robert Bradley´s  blackwaters surprise )



Thomas Marcellus Jackson  nació en Alabama a mediados de la década de los cuarenta. No conoció a su madre que murió en el arduo y penoso proceso de su alumbramiento en una triste, gris y lluviosa tarde de agosto…  apenas conoció a su padre que, trabajando lejos y como estibador, moriría tres años más tarde intoxicado por alcohol  en las afueras de una cantina del puerto de Baltimore.

Se crió con su adorada abuela Annie,  y rodeado de algunos parientes que residían en humildes cabañas muy cerca de su hogar.

Tommy no nació ciego, una infección mal tratada lo dejó en esa lamentable condición a poco de cumplir los tres años de edad, justo en los albores del período de consolidación de la conciencia, lo que confabuló para que retuviera realmente muy pocos recuerdos asociados con imágenes, luz y color. Con los años recordaría vagamente la silueta de su padre, un hombre enorme y fuerte, aunque algo recargado de espaldas; a su abuela Annie, sentada en su mecedora a la entrada de la casa y sobre todo el blanco color de su ondulada y tiesa cabellera, tan blanco  como el de su brillante dentadura que, cuando sonreía contrastaba con el oscuro tono de su arrugada y maltratada piel.

No obstante, un sueño  recurrente atormentaría  al buen Tommy  a lo largo de toda su atribulada existencia;  aferrado al recuerdo de la imagen que más vívida conservaba en su memoria y como temiendo que se escurriera irremediablemente y para siempre. Soñaba que se encontraba junto a los empañados cristales de su ventana contemplando extasiado la lluvia caer… y muchas veces por las largas noches, cuando el golpeteo de las precipitaciones tamborileaban  sobre el metálico zinc del techo de su cabaña,  despertaba de su profundo sueño infantil, y alarmado abría  sus grandes ojos con la esperanzadora y vana  ilusión de poder recrear aquella añorada  imagen una y  otra vez… pero sólo un abismo de  impenetrables sombras lo devolvían a su cruda y muy dura realidad.

Sus evidentes limitaciones hicieron de Tommy un niño callado y retraído; alejado de los juegos de sus primos y vecinos. Encontró refugio y consuelo en el canto y la religión. Su infancia transcurriría en medio de los últimos estertores de la abominable segregación racial y la violencia irracional de algunos grupos aislados del Ku klux klan, que asesinarían cruelmente a su primo mayor, Jeremy, colgándolo de un árbol y previa molida a palos por el atrevimiento imperdonable  de mirar con ojos lujuriosos  -según dijeron-  a una muchacha blanca de una cercana localidad… “fucking  nigger…”  sería el adjetivo ominoso que escucharía muchas veces de hombres “ blancos”( jamás había visto uno ) a los que sólo podía reconocer por un marcadamente  diferente  timbre de voz.

Pronto destacaría por su peculiar voz  en los coros de “Negro espiritual” que con tanto entusiasmo entonaban los feligreses de su congregación, liderados por el bondadoso reverendo Elijah White. Tommy se encargaba de la primera voz y todo el coro le seguía:  “….cuando tenga queee partir “ ( coro ) Yo te busco a ti señooor mi amigo…

Cantaba con todas sus fuerzas, y sólo a través del canto, sentía que con la fuerza de su potente voz espantaba a  todos sus temores, dudas y más íntimas  frustraciones. Sólo en el templo donde creía percibir la real presencia de Dios y cantando a su creador, es que encontraba algún sentido o propósito para una existencia que para él  discurría  en medio de una incomprensible oscuridad.

Cuando cumplió los trece años, la abuela Annie murió, y el reverendo Elijah se haría cargo generosamente de él, llevándolo consigo cuando decidió mudarse en busca de nuevos desafíos rumbo a la costa oeste, más precisamente a la ciudad de los Ángeles, en California.

Allí colaboraba fielmente Thomas con los servicios religiosos y se ganaba ingresos adicionales en sus horas libres, cantando por las principales avenidas de la ciudad con un pequeño grupo de músicos que hacían las delicias de los transeúntes que, en gran número, se agolpaban para presenciar el improvisado  show.

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Ned Sullivan era un músico talentoso que había formado hasta dos bandas de rock alternativo durante la década de los noventas. Vendió muchas copias y realizó muchas giras de costa a costa y hasta un par de giras europeas que, incluyeron con éxito conseguir aprobar con suficiencia  la elevada cota que representaba la feroz e implacable critica del exigente público del  Reino Unido.  Para fines de la década, su inquieto espíritu creativo se encontraba con la idea de elaborar un nuevo proyecto musical que, de alguna manera, rompiera con lo establecido, ya que una eclosión fantástica de muy variadas bandas había saturado el mercado de una década prodigiosa para el rock, como fue la de los poco valorados años 90’s.

Reunido con dos músicos más, asistían a la sesión de grabación en un prestigioso estudio ubicado en las congestionadas calles del “Down town”, cuando una casualidad quiso que se quedaran atollados más de la cuenta muy  cerca de una transitada esquina. Tenían el aire acondicionado a full, el volumen del autostereo en regular intensidad, cuando algo llamó la atención de Ned; que con el rabillo del ojo alcanzó a distinguir una banda callejera que con visible entusiasmo  hacía música rodeada de un grupo grande de gente. Pidió bajar el volumen, y picado por la curiosidad,  deslizó el cristal blindado de su ventana para escuchar la música que en aquel preciso instante, nada menos que Tommy  -que ya pintaba canas-  junto a  algunos compañeros más, ejecutaban en vivo para los transeúntes de la ciudad. Ned quedó encantado con la extraña y peculiar voz de Tommy… descendió del vehículo, le dirigió la palabra y le preguntó si estaba interesado en hacer algunas pruebas de audio  en un estudio profesional. Tommy que a pesar de sus años de residencia en una ciudad más cosmopolita y menos hostil que su natal Alabama, aún guardaba una comprensible desconfianza por los hombres blancos y de primera intención receló alguna burla  preparándose  para lo peor…  ¿Es en serio? replicó Ned,” y le alcanzó una tarjeta que sin duda Tommy no podría leer… llámame y estaré encantado de programar contigo una audición…

Tommy luego de dos días tomaría valor, previa cita y acompañado de uno de sus músicos, se presentó a la audición en el lugar y hora programados…  La sesión resultó un éxito total; por alguna razón Tommy sintonizó  a la perfección con esos tres rockeros melenudos, que sin duda provenían de un mundo con una cultura diametralmente diferente y desconocida para él, con toda seguridad muy lejos del austero y rutinario, aunque apacible universo de  tinieblas del buen Thomas Marcellus Jackson…

Grabaron un par de discos,  realizaron varias presentaciones sobre todo en lugares cerrados; pero también en  un enorme estadio y como participantes en un festival de rock juvenil… Thomas, al comienzo se sentiría intimidado por el murmullo creciente y ovación cerrada  de una enorme y enardecida multitud…





Realmente habían sido demasiadas impresiones en un intervalo demasiado corto de tiempo… Thomas había sido literalmente rebasado por los acontecimientos, y apenas si había tenido tiempo para encontrarse consigo mismo y poder reflexionar al respecto…Sucedió que en la larga ruta que llevaba al aeropuerto a  Thomas y la banda que iniciaban una larga gira,  absorto en sus pensamientos, de pronto se vio interrumpido por la voz de un Dj, que anunciaba por la mejor emisora de rock local: “ Y en el puesto cinco de nuestro ranking semanal, la canción California, interpretada por Thomas Jackson y la banda…”   Ned ordenó al conductor subir el volumen de su magnífico sistema JL Audio de 1,500 watts en rms…y  Tommy,  de pronto se sintió transportado por una experiencia que bien podría calificarse  como de un éxtasis místico…y  embelesado por el equilibrado y poderoso sonido del sistema en la Limousina, por vez primera en toda su larga vida, el hombre liberado ya de sus ataduras y autoconsciente,  por fin fue capaz de  escucharse como si fuera otro… y tuvo la exultante revelación, de que ya no cantaba para espantar miedos ni demonios y de paso combatir la solitaria sensación de un mundo brumoso sin luz ni color…ahora cantaba para agradar…  cantaba  para sorprender a sus actualmente numerosos fans alrededor del mundo , y para sorprenderse de sí mismo también… se dejó llevar…

    “ Well, I´ll never forget the day – I motored into big L.A- I´ll remember seeing the Dodgers playing game play some ball…Well i´ll never forget the sound of all the greyhound bound, takin me home, to see my mommaaa…

 El hombre se  quebró. Un torbellino de sonidos del pasado se agolpó en su mente. Recordó las cariñosas reconvenciones de la  abuela Annie, su cabello suave y esponjoso; las noches fantasmales cuando un silencio ensordecedor se sumaba a una insoportable oscuridad  y, como fondo de consuelo,  las proféticas  palabras del reverendo Elijah, que partió de este mundo algunos años atrás, y que con su aguardientosa voz reverberando como un eco profundo en lo más profundo de  su mente, le decía: “ Por algo Dios te ha hecho diferente Tommy, él  te ha dado un don especial. Te ha privado de la visión para que no te contamines de la crueldad de este mundo malo, Tommy boy. Algún día comprenderás la importancia de lo que te ahora te digo, hijo; pero es que no hay odio ni rencor en tu corazón…y estoy muy orgulloso de ti porque simplemente eres un hombre bueno… un hombre muy bueno, Tommy boy”…” El viento del desierto que inundó el habitáculo cuando Thomas  -abrumado por tantas emociones-  abrió espontáneamente  la ventanilla, se encargaría pronto de secar las escasas  lágrimas que pudorosamente se permitió derramar, sin dejar de pensar en lo que daría tan solo por  escuchar aunque sea por una sola vez,  la dulce y añorada voz,  de la madre que nunca conoció…

Entretanto,  el sol se ocultaba en el horizonte y la limousina apresuraba su marcha para conjurar el peligro de perder el vuelo. A la distancia  se alcanzó a escuchar el epílogo de  la estrofa final de la canción: “Well i'll  never seen the stars shine in Californiaaa… but i remember seeing the raaiin comin  dooownn…”

Gustavo Rozas Valz.






sábado, 14 de julio de 2012

TERMINÓ EL PRIMER TIEMPO (45 y descuentos)



Hoy desperté muy bien; estoy muy bien; todo va bien. No ha sucedido nada malo ni especial. Simplemente me encontré con un amigo en el supermercado y lo vi viejo, muy viejo. Luego, caminando por la avenida, me saludó desde un taxi un tío al que no veo seguido y lo vi también muy viejo, reviejo. Luego me fui al café de siempre, el señor que me lava los autos desde que tenía mi vieja Toyota azul, estaba recontra viejo, igual que el mozo que me atiende desde hace casi veinte años. Tomé un par de revistas faranduleras sin fijarme en la fecha de edición; y en ella aparecían: De Niro, Pacino  -y mis musas-  Julia Roberts y Pilar Brescia, dolorosamente viejos. Por los parlantes del  café se escuchaba ‘Sacrifice’ de Elton John y trajo a mi memoria tiempos maravillosos en los que me entregaba al amor sin reservas. No me había dado cuenta de que ahora es imposible evitar esas reservas. Luego siguieron con ‘Velvet Mornings’ de Demis Roussos y retrocedí aún más. Recordé mis afiches de Farrah Faucett en ropa de baño con su abundante cabellera rubia, y de Olivia Newton con vincha. Hoy la primera ya no está y la segunda es una anciana. Recordé también a mamá tarareando y bailando sola esa canción con ojos de muchacha enamorada.

Luego de todo esto y antes de salir, pasé por los servicios y me miré en el espejo…  y también yo estaba viejo. Sé que todo esto es normal, natural, que funciona así, que es la ley de la vida. Pero no me vengan con discursos facilones y trillados de que cada edad tiene su encanto y que la juventud va por dentro porque es mentira. Lo cierto es que todo lo que vi y sentí me produjo mucha pena. Me puso muy triste percatarme que todos los míos, mis contemporáneos, están… estamos ya viejos.

MAURICIO ROZAS VALZ

jueves, 12 de julio de 2012

SOLEIL




Verónica cursaba primero de secundaria, y todas las tardes asistía a clases de francés en la Alianza Francesa. Tenía trece años y vivía a diez cuadras de aquel lugar. Jorge Luis tenía también trece, pero cursaba el quinto de primaria porque había repetido el año. Todas las tardes la esperaba a la salida de sus clases que era a las seis y treinta de la tarde. Siempre se paraba en la vereda de enfrente apoyado en la pared con la pierna derecha doblada pisando el zócalo de la pared de una casona. Esto se repetía de lunes a viernes: ella salía, se daban un beso en la mejilla, caminaban hasta el quiosco de la esquina, compraban algunas golosinas o bebidas y se sentaban en la batiente de cualquier puerta cercana a conversar. Eso duraba máximo cinco minutos. Luego se limpiaban la parte trasera de la ropa y partían a paso lento mirándose embobados.

A la mitad del camino a casa de Verónica tenían que cruzar por un parque muy antiguo que tenía muchos eucaliptos viejos; ahí hacían su segunda parada. Ella se apoyaba en el árbol y se daban algunos tímidos besos que no cruzaban sus labios. Jorge Luis siempre le preguntaba qué había aprendido ese día. Ella obedientemente le contaba y pronunciaba las frases y las palabras en francés que había aprendido ese día. Él la escuchaba con mucha atención y cuando terminaba le daba un beso más; otra vez se limpiaban la parte trasera de su ropa y seguían camino a casa hasta perderse caminando por las calles, justo en el preciso momento en que el sol se terminaba de ocultar totalmente y las luces de los postes se encendían.

Ese ritual se repetía a diario. En una de esas tantas paradas en el parque, él, como siempre, le preguntó qué palabras en francés había aprendido ese día. Ella le contó que ese día le habían enseñado por primera vez una canción en francés. Él le pidió que se la cante. Inicialmente ella no quiso, le dijo que le daba vergüenza y que además era muy desorejada. Jorge Luis insistió, hasta que Verónica a regañadientes aceptó. Tomó aire y cantó la canción completa, con baile incluido, ante la mirada absorta de Jorge Luis, quién apenas terminó la canción la aplaudió tan fuerte que la gente que pasaba volteó a verlos. Ella se puso colorada de la vergüenza y empezó a reír nerviosamente a carcajadas. Jorge Luis la abrazó y la besó en la sien derecha, la tomó de la mano y siguieron como siempre su camino.

Todo esto me lo contó Jorge Luis treinta años después de esa historia, al medio día de un lunes de verano en horas de trabajo, cuando, buscando música en la radio de su auto, me pidió que me detenga en una conocida emisora de música del recuerdo en la que empezaba el tema: Soleil  Soleil. Luego sonó su celular, no sé quién sería pero le dijo molesto que estaba muy ocupado, que él le llamaría más tarde. Botó el celular en la gaveta, se pasó la mano por la cabeza en ademán de peinarse con gesto de hastío. La luz se puso en verde y continuamos nuestro camino a la oficina.

MAURICIO ROZAS VALZ

martes, 10 de julio de 2012

NO COMPRES, ADOPTA



Quizás no sabías que, detrás de ese pequeño animal de raza que ves en la calle… hay una hembra a la que hacen parir sin descanso hasta que muera, que  pasa toda su vida sufriendo dolores de parto.

Quizás no sabías que, al comprar un animal en una de estas tiendas de mascotas, fomentas –sin querer-  un cruel negocio que consiste en hacer parir una vez tras otra a las pobres hembras.

Quizás no sabías que, a las crías de estas hembras de raza, las destetan al mes de nacidas para meterlas en pequeños cubículos donde a las justas pueden moverse.

Quizás no sabías que, en muchos de estos locales, dejan pernoctando a los pobres animales en esos pequeños cubículos, causándoles un estrés excesivo y a veces incluso les dejan las luces encendidas.

Quizás no sabías que, la mayor parte de estos llamados ‘criadores’ de animales de raza, no sienten afecto alguno por sus animales. Únicamente les interesa su negocio y salir en la foto con su animal campeón, el cual, terminado el concurso… regresa a su cubil debidamente encerrado y no tiene acceso a ningún otro ambiente y no reciben ninguna clase de calor humano.

Quizás no sabías que, comprando un animal de raza… colaboras y hasta fomentas a que el vil negocio del tráfico de animales funcione, ya que, hay organizaciones criminales que se dedican al tráfico de animales robados.

Quizás no sabías que, a estos comerciantes de animales les interesa un pepino quién les compre. Sí es o no alguien cuidadoso o que realmente quiera a los animales y estén dispuestos a cuidarlos. Muchas veces es para complacer el capricho de un niño que toma al animal como un juguete del que luego se aburre y, entonces… ya pasa a ser una carga que ensucia y ocasiona gasto y ven la manera de deshacerse de él.

Quizás no sabías que, para los dueños de estas tiendas de mascotas, los animales son simplemente mercadería, para ellos no hay diferencia entre una bolsa de balanceado, una cadena, un perro o un gato… les da exactamente lo mismo. Cuánto me costó… en cuánto lo vendo.

Quizás no sabías que, a diferencia de las tiendas de animales… en los albergues al menos se trata de verificar la calidad de las personas a quienes se entregarán los animales. Al menos se intenta minimizar el riesgo de que caigan en manos inadecuadas.

Quizás no sabías que, hay miles de animales que viven en las calles o hacinados en albergues temporales esperando por un hogar… esperando por ti.

Por eso… no compres uno de raza, adopta uno sin casa.



MAURICIO ROZAS VALZ

CAFÉ




No recuerdo con precisión qué edad tenía cuando probé por vez primera el café.  Sé que fue en casa, siendo muy niño,  y me llamó la atención ese líquido negro del que emanaba un olor delicioso en las tazas de papá y mamá cuando tomábamos desayuno. Me preguntaba también por qué nosotros bebíamos leche, mamá y papá algo distinto. Recuerdo que pedí a mamá probar de su taza y el amor fue a primer sorbo. No se me permitió hasta tiempo después beber una taza completa, pero podía dar sorbos de vez en cuando, y ahora lo entiendo.

Siendo también niño, aprendí a asociarlo a un local con mesas, sillas y vista a la calle. Para mí era toda una aventura y un indescriptible placer acompañar a papá algunas tardes a aquel viejo local de la segunda cuadra de la calle Mercaderes, el ya extinto Salón de té Mónaco, donde él iba todas las tardes a tomar café, fumar y conversar con sus amigos. Yo pedía un sándwich de queso caliente y una fanta, él, café cortado con coca cola. Me dejaba probar algunos sorbos de su taza y el aroma  a café de aquel lugar me fascinaba. Algunas veces llegábamos antes que sus amigos,  y no sé bien si el bajaba a mi nivel o yo subía al suyo (lo más probable era lo primero), pero conversábamos  de tú a tú sin parar y nos reíamos mucho, no había la distancia Padre-Hijo, nunca me aburrí, era muy entretenido y enriquecedor conversar con él.

Ya siendo joven, en los entretiempos de la universidad me iba a la cafetería a tomar café y a fumar (no era buen café, pero qué más daba) allí me encontraba con mis compañeros, y muchas veces no entrábamos a la siguiente clase porque la conversación era, de hecho, más interesante que lo que podían decirnos nuestros mediocres profesores (sin excepciones, lamentablemente, pero ese es otro tema).  Por ese mismo tiempo, siempre que no había clases, al salir del trabajo me iba a algún café, muchas veces solo, a leer un libro, una revista o a resolver un crucigrama. Siempre me gustó ese ritual y hasta ahora lo conservo.

No podría concebir la vida sin los cafés con sus mesas y sus sillas, sin los amigos cafeteros, sin los libros, sin las revistas, sin los diarios, sin el olor y el sabor del café propiamente dicho… no podría.



MAURICIO ROZAS VALZ

sábado, 7 de julio de 2012

PODER JUDICIAL



No resultaría exagerado, declarar enemigo público número uno al Poder Judicial de nuestro país. Si bien, tenemos un poder legislativo parasitario y mediocre, los ciudadanos tenemos la opción de renovarlo cada cinco años, lo mismo que al jefe del ejecutivo. Pero la gran mayoría de los ciudadanos no sabemos cómo funciona el poder judicial, qué criterios se manejan, y quién o quiénes deciden quién juzga y toma las decisiones.



La gente se siente totalmente indefensa ante sus abusos cometidos al amparo de la ley. Si bien, es sabido que los poderes judiciales de todo el mundo son corruptos, en el Perú, desde hace dos décadas, se institucionalizó de manera descarada la ilegalidad y, paradójicamente, en la institución encargada de hacer respetar la ley.



El mecanismo es indignantemente fácil, son tres pasos: Uno.- La policía investiga y captura. Dos.- La fiscalía acusa. Y tres.- el juez libera y posteriormente absuelve al delincuente. Pero hay algo peor, en muchos casos termina procesando y sentenciando al policía y a la víctima. Parece inspiración del mismísimo Kafka.



Resultan inútiles todos los operativos policiales para combatir la delincuencia; no pasan veinticuatro horas del operativo y los delincuentes son liberados por un juez y están muertos de risa caminando por las calles. Del mismo modo, cualquier intento de las municipalidades por clausurar los antros de la delincuencia y poner orden, son inmediatamente neutralizados por el poder judicial. Se ha convertido en la institución dedicada a proteger al violador de la violada, al invasor del legítimo propietario, al terrorista del policía y al asaltante del asaltado. Es un juez el que manda a reponer al policía que delinque  (y encima ordena que se le dé un arma). Es siempre un juez el que un día ordena internar en un penal a una muchacha por un ojo morado… y ese mismo día otro juez libera a un secuestrador. Es otro juez el que ordena liberar a un grupo de terroristas debidamente investigados y fotografiados en actitudes sediciosas. Es siempre un juez el que libera a un violador o un asesino ante los ojos atónitos y la mirada de impotencia de los familiares de las víctimas.



La sociedad se divide básicamente en dos grandes grupos: los que estamos del lado de la ley… y los que están al margen de ella; y es el Poder Judicial el que pareciera estar encargado de proteger a los que están al margen de la ley. Es increíble.





MAURICIO ROZAS


jueves, 5 de julio de 2012

Presentacion del libro 'Nunca a Tiempo' en Arequipa




Presentación del libro de cuentos 'Nunca a Tiempo' en la Feria del Libro de Arequipa.
Presentador: Eduardo Ugarte y Chocano

ANA LÍA




Ana Lía nunca fue mi amiga, ni mi novia, ni mi amante. En términos reales y prácticos fue una extraña. Sólo supe de su nombre cuando la escuchaba llamar por teléfono a alguien y decir su nombre. Sin embargo, creo que llegué a saber de su vida quizás algo más que la mayoría de sus allegados. Nunca cruzó conmigo más de un buenas tardes o un buenas noches, a fuerza de tanto verme casi a diario en el mismo café que se convirtió durante largo tiempo en nuestro segundo hogar. Tenía una mirada muy dulce y triste, era bonita sin llegar a ser hermosa ni llamar mucho la atención. Era pequeña, muy delgada y tenía una bonita cabellera rojiza y ensortijada. Vestía con mucha sobriedad. Era obvio que no le gustaba llamar la atención.

Muchas de las infinitas noches en que nos cruzamos en aquel café, solía sentarse en una mesa contigua a la mía. Las únicas ocasiones en que llegamos a comunicarnos fueron cuando alguno de los dos se dirigía a los servicios. Para ello bastaba un lacónico: ¿cuidas mi portátil? o  ¿Cuidas mi saco?

Fueron muchas las veces en que la escuché sollozar, al parecer mendigando amor, o una oportunidad, o qué sé yo, a alguna pareja o expareja, durante sus larguísimas conversaciones por celular. También solía hablar con una mujer. Tampoco sé si sería su hermana o alguna amiga. Con ella también sollozaba contándole sus cuitas del corazón. Cuando no conversaba, leía algún libro. Dada mi curiosidad de bibliómano incorregible, logré ver algunos de los títulos y los autores. Eran todos libros de autoayuda que yo menospreciaba. Sin embargo, tenía una expresión inteligente, curiosa, pero indudablemente perturbada y muy triste.

Nunca la vi acompañada. Sin embargo, en medio de sus interminables y sufridas conversaciones, solían llegarle llamadas de alguno que otro pretendiente. Era fácil percatarse de ello por las consabidas excusas que daba, o por el gesto de desencanto con que miraba su teléfono que dejaba sonar sin contestar.

Entre nosotros se llegó a establecer un vínculo. Eran siempre las mismas horas, los mismos rituales, pedíamos siempre lo mismo. Yo, un expreso doble con un vaso de agua, y ella un cappuccino con crema. Yo fumaba en ese entonces Marlboro rojo, y ella Winston light. Algunas veces ella me pedía fuego y otras yo a ella, y así, nunca cruzamos palabra. Todo se quedó en señales.

Algunas veces la sorprendí con un libro igual al mío. Deduje que ella también curioseaba mis libros cuando iba yo a los servicios. Aun así, nunca se animó ni me animé a cruzar palabra con ella. Sin embargo, creo que de alguna manera me enamoré de ella, y quiero pensar  -para no maltratar mi autoestima-  que ella también. Lo digo porque, en una oportunidad, tuve que hacer un viaje de quince días, durante los que, curiosamente, la eché de menos. Cuando regresé, lo primero que hice fue ir al café. Ella no estaba. La esperé durante tres semanas a la misma hora, pero nunca regresó. Como consecuencia de ello, tampoco regresé más a ese café. Me consolaba pensando que ella dejó de ir luego de esas mismas dos semanas, cuando seguramente concluyó que yo jamás regresaría.



MAURICIO ROZAS VALZ


martes, 3 de julio de 2012

BASTA DE MALTRATOS



Hace menos de una semana, salió a la luz un reportaje en el que se denunciaba la matanza de decenas de perros a manos de estudiantes de veterinaria de la Universidad Jorge Basadre de Tacna. Estos desalmados jóvenes, no se limitaron a la  -ya de por sí-  repudiable matanza de estos indefensos animales, sino que lo hicieron de una forma particularmente cruel e insana. Los pobres perros fueron colgados vivos para que mueran desangrándose lentamente.

Me pregunto: luego de ver esto, quienes queremos a nuestras mascotas… ¿con qué confianza podremos ponerlas en manos de un veterinario? ¿Cómo podremos saber que nunca perteneció a un ‘grupo de estudio’ similar al de estos monstruos? El Colegio Veterinario debería expulsarlos de la facultad y hacer de conocimiento público quiénes son y, además, debería también informar quiénes son los profesores que se encuentran detrás de esta barbaridad; es más, deberían ser fichados por todas las facultades de veterinaria del país.

Como si no fuera suficiente, hoy recibimos la información de una nueva matanza de decenas de gatos envenenados en el parque Kennedy de Miraflores. Hace ya unos meses, en enero para ser más exactos, sucedió algo similar.

Lo que más indigna de estas barbaridades, es la indiferencia de las autoridades cuando una cosa semejante sucede. Una absurda y anacrónica postura antropocentrista e insensible, suele primar siempre que se ponen estos temas sobre el tapete. “Sólo son unos gatos” “sólo se trata de unos perros” como si de cosas se tratara… es más, menos que cosas. Si una persona rompe una banca, una verja o cualquier bien público o privado… es automáticamente detenido y puesto a disposición de la justicia (y está bien que así sea),  pero si se maltrata o se mata a un animal… no pasa nada. ¿Será posible esto? ¿Hasta cuándo?

Hoy por hoy, el maltrato animal ya es considerado delito en El Perú. No obstante, aún falta muchísimo para cambiar  -principalmente-  la mentalidad de las autoridades y los ciudadanos respecto a los derechos de los animales. Aquella falacia de: “hay cosas más importantes de qué ocuparse, como los niños de la calle y los ancianos necesitados” ya fue aclarada de todas las formas. Los derechos y la solidaridad con el dolor ajeno NO son excluyentes. Una cosa no impide ni reemplaza la otra, no hay tal superposición de prioridades. Este argumento es usado principalmente por quienes no hacen nada por nadie. Curiosamente, las personas que he conocido que se ocupan de niños enfermos o ancianos abandonados… también son piadosos con los animales… no hay tal conflicto de prioridades.

Esperemos que estas atrocidades que acaban de ocurrir en nuestro país no queden impunes. Ya basta de limitarnos a decir ‘qué malvados’ leyendo el periódico o viendo el noticiero. El día que el primer maltratador de animales purgue condena por ese delito, habremos dado un paso muy importante. No podemos hablar de evolución ni podemos pretender ser un país civilizado, si seguimos permitiendo las corridas de toros y todas las demás formas de maltrato animal.

MAURICIO ROZAS VALZ