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sábado, 7 de julio de 2012

PODER JUDICIAL



No resultaría exagerado, declarar enemigo público número uno al Poder Judicial de nuestro país. Si bien, tenemos un poder legislativo parasitario y mediocre, los ciudadanos tenemos la opción de renovarlo cada cinco años, lo mismo que al jefe del ejecutivo. Pero la gran mayoría de los ciudadanos no sabemos cómo funciona el poder judicial, qué criterios se manejan, y quién o quiénes deciden quién juzga y toma las decisiones.



La gente se siente totalmente indefensa ante sus abusos cometidos al amparo de la ley. Si bien, es sabido que los poderes judiciales de todo el mundo son corruptos, en el Perú, desde hace dos décadas, se institucionalizó de manera descarada la ilegalidad y, paradójicamente, en la institución encargada de hacer respetar la ley.



El mecanismo es indignantemente fácil, son tres pasos: Uno.- La policía investiga y captura. Dos.- La fiscalía acusa. Y tres.- el juez libera y posteriormente absuelve al delincuente. Pero hay algo peor, en muchos casos termina procesando y sentenciando al policía y a la víctima. Parece inspiración del mismísimo Kafka.



Resultan inútiles todos los operativos policiales para combatir la delincuencia; no pasan veinticuatro horas del operativo y los delincuentes son liberados por un juez y están muertos de risa caminando por las calles. Del mismo modo, cualquier intento de las municipalidades por clausurar los antros de la delincuencia y poner orden, son inmediatamente neutralizados por el poder judicial. Se ha convertido en la institución dedicada a proteger al violador de la violada, al invasor del legítimo propietario, al terrorista del policía y al asaltante del asaltado. Es un juez el que manda a reponer al policía que delinque  (y encima ordena que se le dé un arma). Es siempre un juez el que un día ordena internar en un penal a una muchacha por un ojo morado… y ese mismo día otro juez libera a un secuestrador. Es otro juez el que ordena liberar a un grupo de terroristas debidamente investigados y fotografiados en actitudes sediciosas. Es siempre un juez el que libera a un violador o un asesino ante los ojos atónitos y la mirada de impotencia de los familiares de las víctimas.



La sociedad se divide básicamente en dos grandes grupos: los que estamos del lado de la ley… y los que están al margen de ella; y es el Poder Judicial el que pareciera estar encargado de proteger a los que están al margen de la ley. Es increíble.





MAURICIO ROZAS


1 comentario:

  1. Si a la mediocridad y la corrupción, le sumamos la falta de criterio que resulta letal con un amplio márgen de " discrecionalidad", como del que disponen los legisladores... Y si a todo ello, lo circunscribimos en un marco jurídico inspirado en otro estadío del conocimiento científico y tecnológico, plagado de prejuicios arbitrarios, como el humanismo antropocentrista de origen divino. El resultado es que la justicia y sobre todo la equidad, subyacen a una doctrina que sólo puede ser calificada de " dogmática", por estar totalmente desprovista de un criterio pragmático acorde con la realidad, y que por lo mismo no sirve para normar adecuadamente la sana convivencia social... el contrato social más elemental, que debería ser su " leit motiv" fundamental... Mientras no seamos capaces de superar anacrónicas filosofías y principios humanistas de carácter religioso... Mientras no sepamos distinguir entre ciudadanos pasibles de la comisión de un delito por error u omisión, y de otro lado esos excedentes humanos, esos monstruos que " conviven con el delito". Mientras no seamos capaces de desafíar posturas ridículas consideradas como " políticamente correctas", la justicia en la práctica ( y aunque pocos lo notan ya lo estamos viendo ) sólo servirá para proteger a los antisociales de los que justamente nos debería defender...y lo peor de todo,es que cada vez con más fuerza se torna en una espada de Damoclés que pende más y más peligrosamente sobre las cabezas de los ciudadanos y hombres de bien.

    Saludos Cordiales

    GUSTAVO ROZAS VALZ.

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