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lunes, 26 de marzo de 2012

NO A LA DÁDIVA








Los sucesivos fracasos electorales de la derecha en las últimas décadas, deberían llevarnos a reflexionar y analizar sus motivos de fondo, los cuales, pienso, se dividen básicamente en dos: 1.- El trabajo de desinformación, concientización y desprestigio permanente y sostenido de parte de las fuerzas de izquierda; asociando siempre a la derecha con la vieja oligarquía, con el poder económico, y con la explotación del hombre por el hombre como causante de la desigualdad entre clases. Y por otro lado: 2.- El poco interés y esfuerzo de la derecha propiamente dicha por cambiar esta imagen negativa que la distancia del pueblo, llegando incluso a colaborar torpemente con el afianzamiento de esta idea de derecha en el inconsciente colectivo.
Ante esta situación, urge entonces la necesidad de replantear un nuevo concepto de derecha moderno que pueda llegar de manera directa a despertar el interés de muchos sectores de las clases populares dignas, y digo ‘dignas’, porque me refiero a las personas de todas las edades y niveles económicos que no gusten de las dádivas envilecedoras, ni de los regalos, ni de la caridad del estado y que, lejos de seducirles los paternalismos humillantes, indignos, poco eficientes y autoritarios que les ofrecen las izquierdas, anhelen un sistema que les permita ser parte del circuito económico y que puedan integrarse por su propio esfuerzo a un sistema que durante muchos años les fue esquivo.
Para esto, sería necesario crear un nuevo concepto de derecha moderna y liberal, que aliente y promueva la inversión privada y su consiguiente generación de riqueza en todas las capas sociales a través de la formación de nuevas generaciones de emprendedores. Actualmente esto ya existe, pero es un grupo muy importante de la población que ha sido recurrentemente descuidada y erradamente menospreciada por la vieja derecha conservadora que cree que regalando alimentos, calaminas y cuadernos con lo que le sobra soluciona el problema, y que no se quiere enterar de que el Perú ya cambió, y que no volverá jamás a ser el mismo en que vivieron sus abuelos. Que tampoco quiere darse por enterada que hay una nueva clase emergente que salió por propios méritos de la pobreza y que es la que actualmente mueve la economía por su alto nivel de consumo, y no le interesa ninguna clase de favor del estado ni de nadie y simplemente quiere que la dejen trabajar y seguir produciendo.
Esta derecha conservadora y anacrónica, representada entre otras fuerzas por el PPC (que ya desde su propio nombre le pone límites a la libertad de credo) también por el fujimorismo y algunas otras fuerzas menores, ha descuidado también el importantísimo trabajo de información a la juventud en las universidades sobre los beneficios de un sistema democrático y liberal de inversión privada que promueva el desarrollo y les augure un mejor futuro, dejando a millones de estudiantes expuestos a los discursos trasnochados, fracasados y violentistas de grupos de izquierda extremista (y no extremista) y dejándoles el camino libre para deformar las mentes volubles y manipulables de nuestros jóvenes echando a perder de por vida su futuro.
Deberá esta vieja y conservadora derecha entonces, si pretende cambiar esta compleja realidad, renovar sus cuadros políticos (depurando a sus viejas y desprestigiadas figuras), y ampliar y modernizar su concepto de derecha, si pretenden -no sólo- sobrevivir como opción política, sino también aspirar a ser gobierno en un futuro cercano.
MAURICIO ROZAS VALZ

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