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jueves, 15 de marzo de 2012

CIEN SOLES DE ORO




Siendo mi abuela paterna una mujer generosa y muy cariñosa (al menos conmigo lo fue y es lo que finalmente cuenta) nunca en vida me dio una propina en efectivo ni me regaló un libro. Su peculiar manera de demostrar su cariño fue siempre a través de algunos deliciosos rituales, que consistían básicamente en propiciar y hasta forzar la ocasión de compartir largas tertulias sobre diferentes temas, siendo sus favoritos: la literatura y la música. Aquellas tertulias, por lo general, se iniciaban en las sobremesas de los deliciosos lonches que sabía muy bien preparar, casi siempre acompañadas de la música de algunos de sus miles de discos y también de la lectura en voz alta de algunas páginas marcadas de sus libros y uno que otro poema. Leía con una entonación perfecta y se notaba que disfrutaba muchísimo de esas situaciones. Llegaba a emocionarse hasta las lágrimas leyendo algunos pasajes de novelas y muchos poemas.

Hoy, leyendo un libro (que le perteneció) titulado: ‘Gora’ de Rabindranath Tagore, me di con una muy grata y emocionante sorpresa; llegando a la página 130, que empieza diciendo: … ‘Durante un rato, todos observaron un violento silencio; luego, Binoy, dirigiéndose a Sucharita, volvió sobre cierta discusión que habían sostenido días atrás… ‘ al llegar a aquella página, encontré un billete nuevo de cien soles de oro que aún conservaba su característico olor a billete nuevo. El billete fue emitido un 9 de setiembre de 1971 (un día después que cumplí cinco años) y tenía el retrato de Hipólito Unanue. El libro se terminó de imprimir en enero 1962 en Barcelona y lleva el sello de la librería ‘Trilce’, que alguna vez se ubicó en la calle Palacio Viejo 102 B, en el mismo centro de Arequipa, y el teléfono era de sólo cuatro dígitos (4240) Un verdadero tesoro.

Pasados ya algunos años de que se marchó sin retorno, y estando mi niñez ya bien lejos… al fin mi abuela mi dio una propina y me regaló un bonito libro. Sólo eso me faltaba para redondear mi grato recuerdo de ella. Gracias abuela.


MAURICIO ROZAS VALZ

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