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viernes, 17 de febrero de 2012

YO, ME, MI, CONMIGO






Un amable amigo, hace algunos días me mostró orgulloso su nuevo y cómodo hogar. Me mostró orgulloso su dormitorio muy grande con cama King Size, luego su walking closet -también muy amplio- dividido a mitades con ropa suya y de su esposa. Luego su baño con dos lavabos, dos inodoros y dos duchas (sólo faltaban dos jacuzzis, felizmente eso no). Luego me mostró los cuartos de sus adolescentes hijos, cada uno con su baño, teléfono, lap top y tv plasma. Y para finalizar: su cochera para cuatro autos. (Demás está suponer que todos los que habitan la casa, incluido el personal de servicio, tienen uno o dos celulares, aparte de Ipods y otros similares para que todos puedan escuchar a la vez música diferente).

En principio esto no tendría nada de especial, salvo el orgullo merecido de mi amigo y su generosidad por compartir su alegría conmigo. Mas esto me llevó a conclusiones que hace tiempo me rondan por la mente: la instauración del egocentrismo como nueva y paradójica forma de vida en sociedad y la paulatina -y al parecer inminente- desaparición de la institución familiar como núcleo básico de la sociedad en occidente.

(Pongo como ejemplo mi experiencia, no por egocéntrico sino porque es la que mejor conozco). Crecí en un hogar tradicional de clase media en el que papá, mamá e hijos, compartíamos la mesa todos los días a la hora del almuerzo y de la cena (el desayuno no, porque entrábamos muy temprano al colegio). Mirar televisión también era un ritual muy familiar que convocaba a todos. Había las típicas peleas por el turno en el baño, otras peleas entre hermanos en la adolescencia por pedir prestado el auto de papá y otras tantas por el uso del único teléfono que había en casa. En las casas de mis amigos ricos la cosa no cambiaba en esencia, simplemente las casas eran más grandes y los autos más lujosos, y en las de mis amigos pobres tampoco cambiaba mucho, tenían mayores carencias pero la familia existía. Todas estas cosas hacían que la institución familiar tuviese una dinámica que la hacía funcionar. 

Hoy ya nada de eso existe. Por propia presión del sistema, los hijos cuando niños suelen quedar al cuidado de una nana la mayor parte del día, y a partir de la adolescencia, el hogar pasa a ser una suerte de hotel o pensión a la que llegan cada uno de sus huéspedes luego de sus quehaceres cotidianos: entran… y con suerte se saludan si se cruzan con otro huésped en el camino hacia sus pequeños fortines. Una vez que llegaron… ya no hay motivo alguno para salir de allí. Ahí hay todo lo que puedan necesitar: baño, teléfono, internet, escritorio y TV No se comparte nada con nadie.

Todo esto es algo muy serio. No es simplemente una nueva y moderna forma de vida. Este sistema está poco a poco atrofiando el instinto gregario de los seres humanos. El egoísmo monstruoso y la total desconsideración y desinterés por lo que le atañe al ‘otro’, está tomando ribetes preocupantes; el 'no me importa lo que pienses, "YO" soy "así", es ahora lo cotidiano. Incluso en reuniones o fiestas, ya sean familiares o de amigos, la mayor parte de los asistentes están constantemente en la actitud idiota de hablar sin parar por celular o enviando y recibiendo mensajes de texto como autómatas.

Hace relativamente poco, tuve una reunión con mis compañeros de promoción del colegio con motivo de las bodas de plata y dentro de las preguntas de rigor hubieron las clásicas: ¿te casaste? ¿Tienes hijos? Y los resultados fueron, por decir lo menos, muy desalentadores: aproximadamente el 50% se había divorciado, había otro 20% que aún estaba soltero y sólo el 30% había formado una familia sólida; ¿es esto una casualidad? No lo creo. Esto coincide con algo que hace poco me comentó una amiga arquitecta con quien consulté algunos temas sobre construcción de viviendas. Me comentó que cada vez era mayor la demanda por departamentos de un solo dormitorio, que era el negocio del futuro inmediato en el rubro de la construcción de viviendas.

El egoísmo monstruoso a que nos está llevando el nuevo sistema de vida, tanto en el campo tecnológico (blacberry, Ipod, lap top, celular, notebook) como en la arquitectura y otros campos, me hace confirmar algo de lo que hace tiempo me vengo percatando: los afectos son cada vez más frágiles y la vida en familia está en franca extinción. (Sin ir muy lejos, soy soltero y vivo solo).

MAURICIO ROZAS VALZ

5 comentarios:

  1. Muy acertado pero no diría que es absoluto, hay casos como el mío en el que sin ser rico, trato de dar lo mejor, no podemos almorzar todos juntos pero se comparte la casa y somos una familia de 6 miembros, no muy usual en esta época.

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  2. al iniciar a leerte,mis ojos se humedecían termino de leerte y te estoy escribiendo rodando el rocío en mis mejillas,porque todo depende del hogar de donde nos formamos,vamos buscando algo similar como mamá y papá,en el camino nos equivocamos,yo estoy en ese porcentaje que mi familia fracaso,sigo solo,ya sin ilusión de amar o ser amada,en casa el papá de mi hija puso tv en los dormitorios,hoy me siento muchas noches a solas a ver un programa que antes se compartía,si llega un día de estar los 3 en la mesa,yo simplemente soy la isla,esa que nadie ve,tal vez como siempre dicen mi fuerza de carácter,hace ello en mi,pero NO es la tecnología la que separa,es la falta de VALOR DE FAMILIA que algunos si tenemos pero nos equivocamos a la hora de rejuntarnos,sin valores no existen afectos....gracias amigo por tu escrito.

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  3. Los valores, el caracter y la tolerancia son parte de la formacion que debemos recibir desde pequeños, eso es lo que crea y siembra union y solidez para una familia sin importar la tecnologia en la vida actual, el compartir los quehaceres enseñan a cultivar integridad y a compartir momentos, encontrar temas de actualidad u otros ayudan a compenetrarse, y el buen uso de la tecnologia para aprender de lo que ella lleva en redes es importante como nuevo medio, antes recurriamos a un libro hoy le preguntamos un tema a Google y lo obtenemos, lo importantes es saberla usar, antes jugabamos en la calle o en un parque a la matagente, tejo, trompos bolas y otros, hoy lo suplimos por juegos de computadora o play station y eso nos vuelve egoistas y carentes de valores..

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    1. Soy profesora. Cada vez que estoy con mis alumnos, en un salón o individualmente, les hablo del tema. Es importante sembrar en la mentede nuestros niños y jóvenes, la idea que la tecnología no es todo beneficio, y que en gran medida, ésta causa división, soledad y egoísmo, aún con los propios miembros de la familia, ya no digamos con amigos y conocidos... Criamos a nuestros hijos, repitiéndoles que deben triunfar en la vida, omitiendo lo más importante: cuánto valor hay en nuestra familia, cuánto de ella debe ser protegida de "la tecnología", cómo debemos preservarla para que siempre sea el pozo de todos los valores, de todos los afectos, de todas las uniones. Gracias al cielo por mi familia nuclear. Gracias Mauricio, por recordarnos esto...

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