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jueves, 24 de enero de 2013

HEAD ON








Una casualidad quiso que justo pasara  cerca de  la mesa donde se encontraba conversando con un amigo, que sin previo acuerdo, lo citó  para conversar y tomar algunas cervezas en aquel  concurrido  local. Había rehusado a salir ese día, para salir solos la noche siguiente. Ella se encontraba en compañía de dos amigas y saludó alegremente al pasar, haciendo graciosamente el ademán de que la llamase mañana. A ellos los acompañaba un conocido que, sin haber sido invitado, se zampó  en su mesa y para colmo acaparó toda  la conversación… - ¿La conoces?, inmediatamente preguntó. .- Sí, respondió lacónicamente con su prudencia y desconfianza habitual.

Le gustaba desde hacía mucho tiempo, pero no había tenido oportunidad de conocerla, hasta que un amigo en  común los presentó. Esperó a encontrársela en más de una oportunidad para al fin tomar el valor necesario y poder entablar una breve conversación con ella,  para  luego invitarla a salir.

- Muy rica ¿no? (Comentó  el pesado) pero más jugadoraa, - ¿Sí? Preguntó su amigo Juan Carlos, mientras él se mantenía en un expectante silencio…- Síii loco,  esta fue  amante de Fernando Moreira, recuerdo que fue todo un chongazo cuando se enteró Claudia y la cuadró feo… y hasta  habló con sus papás; unos tíos muy correctos,  y a la loca no le quedó más remedio que zafar;  y obviamente  ante la amenaza de un divorcio, Fernandito la tuvo que dejarla sin piso… no había otra. ¿Cuándo fue eso? Preguntó con curiosidad  Juan Carlos, - hace como dos años… más o menos… pero me estoy acordando que  el verano pasado, en la fiesta de año nuevo, se agarró a un chibolo de dieciocho,  ocho años menor que ella que había llegado  de visita por vacaciones de verano y es sobrino de un pata de ustedes…  el “colorao Fabrizio”;  seguro lo conocen ¿no? - Sí,  contestó con desgano Gabriel.- ¡Claaro que sí! respondió más entusiasta Juan Carlos.  Bueno, prosiguió el zampón y chismoso insufrible de Freddy, la cosa es que la flaca al día siguiente, se dio cuenta de la mala pasada que le jugaron los tragos y no quería darle cara al chibolo, que seguro se quedó entusiasmado y con ganas de mucho más…  jajaja, rieron a carcajadas  ambos, mientras él se mantuvo en total silencio.

Habían salido apenas dos veces… pero sólo contaba una; porque la primera fue una salida a un local nocturno donde se encontrarían con amistades de ella, cosa que no era precisamente de su agrado, pero no tuvo el valor de oponerse. Recordó que le había gustado su actitud y comportamiento… y su celular, a pesar de haber timbrado por lo menos en tres ocasiones, no estaba en la sospechosa modalidad de vibración, ni se alejó de la mesa en ningún momento para contestar.  Pero al final de esa velada, que después de todo no resultó lo tediosa que imaginó ( odiaba esas situaciones de salidas grupales ) no desaprovechó la oportunidad al  despedirse para comprometerla a una verdadera salida, es decir: ‘solos’, y en  un día que por casualidad era para él  solía ser  el más propicio y de mejores augurios: “ salimos el domingo a almorzar  y luego adonde nos lleve la tarde…” le propuso… ya, le contestó ella, aunque  un tanto sorprendida por el día y el horario.

La desagradable revelación de Freddy, simplemente le cayó como un baldazo de agua helada… su sistema inmunológico siempre alerta  se activó  automáticamente poniendo en marcha como un infalible  antídoto a su  febril imaginación.  No le costó mucho imaginar al  patán insufrible de Fernando en una sucia habitación de un motel al paso con ella, y tampoco pavoneándose luego de su pendejada  cuando se echaba alguno tragos con los amigotes; al muchacho no pudo visualizarlo por más que lo  intentó, porque no había forma de relacionar la imagen de un niño de diez años con facciones indefinidas, con un hombre capaz de haberle parecido deseable a ella; pero en todo caso,  con el tal Fernando tenía suficiente. De inmediato sintió unas desagradables náuseas y un involuntario -aunque felizmente controlable-  deseo de vomitar…   Fernando era incluso algunos años mayor que él, que le llevaba no pocos años a ella;  sin duda se trataba de un patán insufrible y fanfarrón de verborrea barata y bromas y chistes de muy mal gusto; había coincidido en algunas reuniones sociales con él y siempre le desagradó su forma de expresarse y pasarse de confianza con la gente. Alguna vez intentó ensayar alguna de sus desagradables tomaduras de pelo con él pero lo desanimó rápidamente, fulminándolo con una  mirada de esas que tácitamente le advirtieron  que no se trataba de otro beta capaz de soportar sus insolencias,  sino de un Alpha en toda regla,  por lo que tendría que asumir las desagradables consecuencias. Recordó que lo que más le sorprendía de ese abyecto personaje, era  la envidiable devoción  que le tenía su guapa esposa;  devoción que, al menos en lo que a su experiencia se refería,  por desgracia  sólo eran capaces de despertar  precisamente los tipos más simplones y canallas, y para colmo,   no sólo le festejaba todas las estupideces que hablaba, sino que además, su lenguaje corporal o expresión facial, jamás  dejaba el menor resquicio  para la sospecha  del menor coqueteo o contacto visual que pudiera mal interpretarse  con ningún otro hombre que no fuera  su insufrible marido;  mientras otras esposas y parejas… o bien se reunían en grupos para  hablar de temas pueriles como los hijos, ropa, chismes o  la casa, cuando no y  mucho peor aún,   para conversar de otros hombres y hasta  coquetear descaradamente con otros asistentes cuando se encontraban fuera del campo visual de sus distraídas y confiadas parejas oficiales.

Sumido en esas reflexiones, había perdido toda conciencia de su entorno y hasta de la conversación que continuaba en su propia mesa… -  ¡Oye! Le habló fuerte Juan Carlos: te quedaste mudo compadre… ¿ te sientes bien? -No, le contestó Gabriel, la verdad es que me parece que el piqueo me ha caído mal, creo que mejor me voy a casa, los dejo,   respondió…  No te vayas todavía hombre, tómate  una sal de andrews y luego entramos al pub de al lado donde estarán unas amigas de Freddy que están muy buenas…  No, le dijo Gabriel, lo dejamos para otro día… dejó su parte de la cuenta e inició el largo recorrido de camino a los estacionamientos,  pero antes, cedió al apremio de  pasar un momento por los sanitarios. Una vez adentro, decidió  que sería una buena idea facilitar su impulso inicial de devolver todo lo comido y bebido en las horas anteriores; superado el desagradable trance y mientras se dirigía a los surtidores de agua, se sintió muy aliviado, como exorcizado;  y  aunque era una costumbre que odiaba por parecerle de muy mal gusto, a pesar que era una escena muy común en los baños de los locales nocturnos, procedió a lavarse la cara y a mojarse el cabello, y mientras permaneció por   algunos segundos observando la imagen reflejada de sus facciones en aquel espejo… evocó un recuerdo de la invernal tarde de su cumpleaños número seis, cuando parado tal como ahora  frente a un espejo, pero con el dorado sol de las cuatro reflejado en un costado del mismo, decidió preservar para siempre esa imagen con el firme propósito de  que luego le  sirviera como referente para apreciar su metamorfosis con el transcurrir  de los años… recordó también, que desde aquella vez tuvo el presentimiento  -que luego se convertiría en certeza-   que la imagen que tenemos de nosotros mismos, difícilmente se asemeja  a la imagen que de nosotros, realmente tienen los demás.

Cuando por fin abandonó el enorme estacionamiento subterráneo de aquel enorme complejo comercial,  se percató de que llovía con gran intensidad. Encendió su autoestéreo y casualmente se iniciaba  la canción “head on” de The Jesus and Mary Chain, que tanto le había gustado a ella,  y que no había dudado en demostrarlo con su soltura y gracia natural,  sacudiendo rítmica y  frenéticamente su larga cabellera hacia adelante y hacia atrás y por momentos hacia los lados, cubriéndole coquetamente  el rosto que sólo  por fugaces instantes dejaba  al descubierto una pícara sonrisa de complicidad. Ella parecía feliz  y él lo estaba aún más… “entonces pasas por mí mañana  a las diez, precioso” era lo último que le había dicho ella…  no había transcurrido más de  una semana completa desde  aquel encuentro, pero para  esas  horas todo ello parecía ya  el pálido recuerdo  de un pasado muy distante…  Así que eso fue todo, pensó, y mientras pisaba a fondo el acelerador, elevó a su vez  el volumen del equipo  justo cuando un  poderoso hit de batería y solo de guitarra que servían como interludio, daban inicio al segundo movimiento  de la canción… del asfalto húmedo de aquella noche lluviosa,  parecían desprenderse como fuegos fatuos,  el reflejo intenso de la luz de los postes y de  los letreros luminosos del lugar… todo  mientras que,  como las gotas de lluvia que impactaban en su parabrisas delantero, lenta pero inexorablemente…  el espejismo  de sus facciones y cabellera  se escurría para siempre  por el laberinto más intrincado e insondable de su memoria de corto plazo… hasta que sólo sobrevivió  la vívida imagen de su sonrisa que, después de todo, era lo que realmente lo había cautivado.


Gustavo Rozas Valz – ( dic 2012 )


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