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miércoles, 9 de enero de 2013

CONMISERACIÓN






Se encontraba jugando con otros niños. Estaban todos en el jardín interior. Jugaban todos muy contentos. Él era el guardameta de su pequeño equipo de fútbol conformado por cuatro niños. 

Él sólo tenía seis años, todos tenían edades similares. Un año más, un año menos, no había mayor diferencia. Jugaban como lo hacían todos los domingos por la tarde en casa de los abuelos.

Una de esas tantas tardes, de un rincón del jardín que nadie vio, salió una rata pequeña. Inmediatamente se paró el juego. El animal se dirigía raudo hacia la puerta que daba a la cocina. Él no tenía miedo a ningún animal a diferencia de los demás niños que huyeron despavoridos. Entonces intentó cerrar el paso para que no ingrese a la cocina. Puso su pequeño pié contra la pared, no calculó la velocidad que llevaba la rata y le aprisionó la cabeza con la planta de su zapatilla.

El animal empezó a revolcarse botando sangre por el hocico. Llegó la empleada de la casa con una escoba. Los gritos de los demás niños alertaron a los adultos. Empezó a golpear al animal con la escoba y los pies, éste hacía ruidos y luchaba por su vida mientras botaba cada vez más sangre hasta que fue reventado por un pisotón.

Él lloraba desconsolado, se sentía culpable por el sufrimiento y la muerte de aquel animal. Sus padres lo consolaban diciéndole que esos animales eran peligrosos y traían enfermedades. Él no les creía. Nada podía calmar su dolor, su pena, su arrepentimiento y su  cargo de conciencia.  


MAURICIO ROZAS VALZ

2 comentarios:

  1. Wow... Algo así me pasó de chiquita, duré enojadísima con mi papá porque mató a un raton, chiquitito, indefenso, no podría creer que le pegara con tanta energía si el pequeñito sólo intentaba defenderse... Es un mito que las ratas sean peligrosas, un total mito... Saludos

    Amalinalli

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