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domingo, 28 de octubre de 2012

TRABAJO





¿El trabajo dignifica? No pues, no le atribuyamos virtudes que no tiene. El trabajo simplemente es necesario. Es, simplemente, el más antiguo y conocido método para la subsistencia. El delincuente que planea y ejecuta un asalto o un “pase” de droga, también está trabajando; quizás tanto o más que un burócrata del estado que cobra por rascarse la barriga.

Entonces, debemos de admitir que el trabajo en sí no puede ser digno ni indigno; será únicamente limpio o sucio, legal o ilegal, según el caso. La dignidad es cualidad consustancial a la calidad de la persona, independientemente del trabajo que realice (o no realice).

Tampoco se puede condenar o tildar de indigna o proscribir a la persona que no trabaja por el simple hecho que no lo hace, ya sea porque heredó una gran fortuna o porque a sus padres, abuelos o esposa les da la gana de mantenerlo. No pues, no es así, a eso se llama envidia, envidia pura, y quizás con todo derecho, (la envidia también puede ser legítima y no necesariamente tiene que ser condenable).

Sino, miremos a nuestro alrededor, ¿cuántas personas conocemos que trabajan quince horas diarias y de dignas no tienen nada? Y ¿Cuántas también conocemos que no hacen nada, sin embargo su dignidad se mantiene intacta?
En tanto la condición de “ocioso” de alguna persona no nos perjudique, no tenemos ningún derecho a criticarle, menos a condenarle.

Entendámonos pues, el trabajo no nos hace mejores ni peores personas, simplemente nos permite la subsistencia. Desde aliviar el hambre llevándonos un pan a la boca, hasta satisfacer nuestros más estrafalarios caprichos, según nuestra realidad, nada más.

MAURICIO ROZAS VALZ


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