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miércoles, 11 de abril de 2012

LA ERA BB


El avance de la tecnología en las comunicaciones ha traído, entre otras consecuencias, el fin de la fluidez de las comunicaciones personales presenciales, y la casi total imposibilidad de entablar un diálogo presencial prolongado y dinámico con un interlocutor. Las frecuentes interrupciones por llamadas telefónicas a celulares, mensajes de texto, correos electrónicos, twitter, facebook, etc. Todo en un solo aparato portátil y práctico, han logrado, poco a poco, secuestrar la atención de la mayoría de personas y también, que las comunicaciones verbales presenciales pasen a un segundo plano en la escala de prioridades de nuestra vida en sociedad.

No llego a entender, ¿cual es actualmente la gracia de compartir un almuerzo o una cena en un restaurant, un café o unas copas, si la tertulia -que era su espíritu y principal atractivo- ya pasó a un segundo plano y se ve constantemente interrumpida? Durante el lapso de tiempo que dure una de estas veladas, nuestra eventual interlocutora bajará la mirada más de una vez para leer –e incluso responder- los mensajes que le llegan a través de su equipo. Esto en el mejor de los casos, muy probablemente contestará una llamada y se parará a conversar fuera del local, mientras nosotros nos quedamos mirando al vacío y conversando con el aire.

Tampoco entiendo, cual es la finalidad de ir a al cine, al teatro o a un concierto, si durante la película, la obra o el concierto propiamente dicho, nuestra acompañante estará permanentemente revisando su equipo para ver si tiene mensajes e incluso responderlos. Poco les importará las advertencias -e incluso los ruegos- de algunos asistentes y hasta de los artistas para que tengan la amabilidad de apagar sus equipos, y creen que poniéndolo en silencio o en vibro ya son suficientemente educados y generosos. No saben que las solas luces de sus equipos y el sólo hecho de distraer su atención en otra cosa que no sea exclusivamente la película, la obra o el concierto… ya constituyen de por sí una descortesía y una desconsideración para con el resto de asistentes.

El solo hecho de pedirle a una persona que apague su equipo, ya sea minutos antes de sentarse a la mesa, de entrar a la sala de cine o al teatro… suele ser respondida con una mirada de confusión y desconcierto como diciendo: ‘¿Estás tú loco, crees que eso puede ser posible? Excusas (patentadas todas) abundan: Mi tía Prosperina está muy malita, mi hijo está en un cumpleaños, mi hermana me va a llamar de Madagascar, mi amiga está depre porque terminó con el pelotudo de su novio, mi amigo Periquito ha subido dos kilos y está muy nervioso y, como comprenderás, en cualquier momento me van a llamar, así que imposible apagarlo. No me jodas ¿ya?

Incluso, después del sexo, y antes de los arrumacos y los besitos de ley, y… en algunos casos, del sorbo de agua y el cigarrillo… se paran apuradas a revisar los mensajes en su equipito. Así no debería ser. Me he convertido en un desadaptado.

MAURICIO ROZAS VALZ

2 comentarios:

  1. Comnpartimos el concepto pero debes reconocer que también tiene su lado bueno...así nos conocimos el grupo de amigos del cual tu y yo formamos parte.

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