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lunes, 2 de abril de 2012

ALETAZOS TAURINOS


Los conservadores se encuentran en serios apuros. Hace ya algunas semanas, en la Revista ‘Caretas’ salió publicado un artículo pro taurino lleno de mentiras y claramente difamatorio en contra de una organización anti taurina peruana. No conformes con eso y a pesar de una carta notarial en la que se exigía una justa rectificación, simplemente se limitaron a publicar la carta mutilada con una respuesta institucional que ratificaba su posición pro taurina.

Luego de algunos días, circuló por todos los medios de prensa, un manifiesto firmado por cien ciudadanos de a pie y encabezado por el escritor Mario Vargas Llosa en defensa de la continuidad de la barbarie taurina.

Hace tres o cuatro días, la congresista aprista Luciana León, declaró que no respaldaría con su voto en el parlamento, el proyecto de ley que pretende prohibir el ingreso de niños a espectáculos sangrientos y salvajes como las corridas de toros, y dejó sentada su posición a favor de seguir manteniendo en vigencia esta cruel y salvaje tradición (que basa su atractivo en los desgarradores quejidos de dolor y la abundante sangre de un indefenso animal a merced de un matarife).

Hoy lunes 2 de abril del 2012, en el diario El Comercio, nos encontramos nuevamente con una editorial pro taurina llena de argumentos falaces y tirados de los pelos, en los que se argumenta el derecho a la libertad de elección, sin tomar en cuenta que esa libertad implica: abuso, ventaja y la cosificación de un mamífero superior que es sometido a dolores indescriptibles, y con el único fin de satisfacer el morbo y el sadismo de espíritus retorcidos que encuentran gratificante y hasta estéticamente bello el ver a un indefenso ser morir lentamente, desangrándose y retorciéndose de dolor.

Si analizamos el perfil de los actores de toda esta agresiva campaña pro taurina, veremos que tienen en común la raíz conservadora y los vicios colonialistas de la vieja oligarquía, la que, felizmente, se encuentra en franca extinción. Sólo tenemos que ver su parafernalia patética y huachafa con la que circulan en los patios exteriores y en las graderías; todos con costosos sombreros, habanos y botas de vino a la vieja usanza española de la conquista. Tanto los pocos ‘de verdad’ que quedan, como los nuevos ricos ‘trepones’, sueñan con el retorno del viejo feudalismo en que había dueños de vidas y haciendas. ¿Qué podemos esperar de estas personas para las que, incluso seres humanos que trabajaron y trabajan para ellos son una suerte de ‘cosas’, es decir, que no sienten, que no sufren, y cuya única misión en la vida es servir y darles gusto, y que, el ‘darles de comer’ (como les encanta recalcar) les da derecho a disponer de su vida como mejor les parezca? No es difícil deducir, entonces, que un animal es menos que una cosa para ellos.

Finalmente, todo esto no hace más que evidenciar su desesperación ante el inminente fin de las corridas de toros en el Perú. El avance en América Latina y en todo el orbe de la modernidad que –felizmente- dentro de sus nuevos paradigmas condena toda forma de maltrato animal, ha logrado preocupar seriamente a los conservadores, quienes ven cercano el fin de sus anacrónicas y salvajes distracciones. Saben positivamente que, la gran mayoría de la población -y particularmente la juventud- repudia esta barbarie y que, finalmente, como funciona en una democracia, el sentir de la mayoría y de las nuevas corrientes mundiales se terminará imponiendo. El hecho que en Catalunya -en el propio reino de España- se haya abolido las corridas de toros, sumado a la reciente abolición en Panamá y Ecuador, los preocupa sobremanera. Hay que entenderlos… están desesperados.

¡No a las corridas de toros! ¡No más maltrato animal!

MAURICIO ROZAS VALZ

3 comentarios:

  1. Más allá del apego a costumbres salvajes y anacrónicas, habría que preguntarse por los "grandes intereses" que hay detrás de ese execrable espectáculo... Si consiguen que revistas y diarios referentes a nivel nacional, de algún modo los apoyen o vendan espacios para que sus mercenarios se explayen en argumentos a favor, entonces estamos hablando de una industria muy rentable a la que no le conviene la prohibición... No podemos ser tan ingenuos; más allá del snobismo ramplón y la huachafería que impera en Acho, las corridas de toros son un espectáculo recurrente en diferentes festividades y a lo largo del territorio nacional; por lo mismo,una probable prohibición colisionaría frontalmente con los bolsillos de muchos organizadores de espectáculos y criadores inescrupulosos. Por ahí pasa la férrea resistencia.

    Ahora, argumentos de defensa alegando libertad y apelando a las tradiciones, no resisten el menor análisis:

    No se puede alegar libertad de opinión o elección, cuando está de por medio el maltrato innecesario y extremadamente cruel de un animal con un sistema nervioso central, tan parecido al nuestro.

    No se puede apelar a las costumbres y a la tradición, porque sino alguién con todo derecho por ahí, podría argumentar a favor de los sacrificios humanos o hecatombes en honor a dioses imaginarios... mutilaciones, ejecuciones públicas, peleas de perros, de estos contra toros y hasta peleas mortales entre seres humanos como en el coliseo romano...

    No podemos juzgar el pasado con los referentes éticos, códigos morales y el conocimiento científico actual. Tenemos que reconocer el lado brutal y salvaje del ser humano maquillado por un delicado y sutil proceso de civilización.

    Pero mucho menos podemos dar pasos hacia atrás y volver a reencontrarnos con nuestra esencia más feral... Hoy, a nadie que no sea un redomado imbécil, además de loco, ignorante y fanático, se le podría ocurrir proponer un retorno de la esclavitud o servidumbre... a nadie se le podría ocurrir volver a las condiciones laborales de la revolución industrial, al apartheid, a los guetos, a una prohibición del voto electoral femenino, a una negación de los actuales paradigmas sobre lo que entendemos por " ecología". Simplemente ya no es posible y la permanencia de un espectáculo tan deplorable como la fiesta brava en nuestro tiempos, simplemente es el rescoldo de un período brutal y vergonzante ; un espantajo impresentable que deberíamos esconder y olvidar en lo más profundo del desván de la historia.

    GUSTAVO ROZAS VALZ.

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  2. Concuerdo contigo, MAuricio. Y con tu educación, pues una primera lectura me hizo pensar en un escrito edulcorado. Hay que llamar a las cosas por su nombre: no son conservadores, con ¡salvajes!, ni más ni menos. Adelante con tu valiente gesta. Un abrazo,

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