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jueves, 16 de mayo de 2013

MORALISMO PESTILENTE













                                      
                                        Abstemio: Persona de carácter débil, que cede a la
                                                         tentación de negarse un placer.



En los últimos tiempos, se ha puesto de moda exigir en las campañas electorales la famosa prueba de ‘antidoping’; como si de una contienda deportiva se tratase. En el caso de las contiendas deportivas, se justifica plenamente este examen por obvias razones: una persona que consume determinado tipo de sustancias adquiere mayor resistencia y se pone en clara ventaja  sobre quien no lo hace. Pero en otras actividades, como la política  y otros oficios, la sola propuesta resulta totalmente invasiva con los fueros privados de las personas y contiene además un tufillo moralista bastante apestoso por decir lo menos.

Si seguimos dando cabida a propuestas tan restrictivas y puritanas, el siguiente paso podría ser,  poner como requisito para entrar en política o postular a un empleo: el ser abstemios, antitabaquistas y creyentes.  Esto, creo yo, es consecuencia de una reciente  -y meticulosamente diseñada-  estrategia de contraataque de algunas religiones, en su afán angustioso por recuperar su poder, basado en la privación y el enorme terreno perdido como consecuencia del despertar de la gente, gracias a la información en abundancia que ha traído al mundo el internet.

Hay en la mayor parte de abstemios y antitabaquistas, un odioso complejo de superioridad; unas ínfulas de quien está moralmente por encima de los demás; por encima de todo el resto de mortales pecadores, bebedores y fumadores. Hay en sus palabras, cierta piedad condescendiente para con los demás, un subyacente:  usted no debería ser así”… que se percibe en su contundente: ¡no bebo!¡No fumo! ¡Gracias! En tono pedante, ante el gentil ofrecimiento de un cigarrillo o de una copa.

Si bien, es indiscutiblemente cierto que, tanto el alcohol, como las drogas (legales e ilegales), provocan alteraciones en la conducta y distorsiones en la percepción de la realidad a quienes las consumen en exceso y son adictos a ellas, eso no debe implicar que podamos dar por sentado que ‘todas’ las personas que consumen tales sustancias, necesariamente lo hacen en exceso y sufren todas éstas alteraciones… no pues… no todos los organismos tienen la misma resistencia y capacidad de asimilación. Ejemplos para demostrar esto sobran en todo el mundo y en muchas disciplinas: en literatura, por ejemplo y sólo por nombrar unos pocos… tenemos a Edgar Allan Poe que fue alcohólico, a William Burroughs que fue heroinómano y a Louisa M. Alcott que fue adicta al opio… y ni qué decir de Tenessee Williams, que fue adicto al alcohol, los barbitúricos y las anfetaminas. Todos los anteriormente nombrados no fueron escritores del montón… fueron genialidades, y sin embargo, tenemos a otros ‘muy sanos’ infinitamente inferiores, como Rowling. En música tenemos a Jim Morrison o Jimi Hendrix… drogadictos ambos, e infinita y escandalosamente superiores a muchos otros que son muy sanos. 

En la historia política del mundo, también tenemos claros ejemplos: Winston Churchill, Charles De Gaulle y Francois Miterrand, fueron, entre otras cosas mucho más importantes… conocidos por su alcoholismo, a diferencia de otros, tan abstemios como despreciables, como Francisco Franco, Joseph Stalin y Adolph Hitler.

Con esto no quiero insinuar que el tener una adicción, ya sea al alcohol, al tabaco ó a alguna droga… hace ‘superior’, ‘mejor’ o más  capaz a una persona… no, no es así, no se trata de eso; sería totalmente absurdo. Lo que quiero expresar, es que no debemos permitir que se viole el derecho a la privacidad de las personas, y estas costumbres, ‘buenas o malas’, son parte de los fueros privados, del ejercicio de la libertad de las personas de hacer con sus vidas lo que les venga en gana, y son absolutamente irrelevantes para medir el intelecto, las capacidades profesionales, las habilidades artísticas y la solvencia moral. Pues las habilidades y capacidades se miden por diferentes métodos de evaluación, los que de ninguna manera deberían incluir exámenes toxicológicos, ya que son totalmente invasivos. 

Entendámonos, si eres abstemio y te desagrada el tabaco o lo que fuere; bien por ti y por tu salud, pero ten siempre claro que eso NO te hace mejor ni superior al resto.  En tanto el ejercicio de la libertad no perjudique en nada a terceros, lo que la gente haga con su vida no tendría por qué ser de dominio público, tampoco debería ser criticable y mucho menos condenable. Eso es moralismo puro, y el moralismo apesta siempre a inmoralidad soterrada.


MAURICIO ROZAS VALZ

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