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miércoles, 11 de junio de 2014

POLVO DE ESTRELLAS






“Desde el elevado andén, donde se encuentran sepultados  los restos de Andresito, el deslumbrante y rojo sol del ocaso invernal simula incendiar la inmensidad de la pradera y, en las grises y oscuras tardes de verano, llueve, llueve mucho  y con tanto ímpetu, que parece imposible mirar con claridad hacia algún lado…”

Se trataba del diminuto cachorro de una raza de perrito faldero. Sin duda alguna, la antítesis de la raza  que a mí se me hubiera antojado elegir… Tuve que disimular mi desencanto, ya que se trataba del nuevo engreído con el que luego de un largo tiempo retornaba a casa mamá.

No había forma de imaginar, entonces, no sólo que llegaría  a quererlo tanto; sino de mi límite personal, de poder ser capaz de querer de  una forma tal; sin recelos ni límites, sin dudas ni reservas, como al hijo que nunca tuve –y que con toda probabilidad nunca tendré-.

Se nos fue en el mes de Abril, a pocos días de cumplir trece años y, en lugar de iniciar el duro proceso de  olvidarlo, debo admitir que cada día que pasa, simplemente siento que lo extraño un poco más.

Quisiera poder creer que, atrapado en alguna dimensión espacio-temporal y, alentado por  mi padre, alegre a estas horas juega con Quique, Iván, Bambino, Paco, Ramona y Pillín.

Existen indicios para pensar que la información no se pierde en el Universo. Es muy plausible también, que coexistan universos múltiples (multiversos)  propiciados por las infinitas probabilidades en el colapso de función de onda… Si lo primero es cierto, y el universo no se desgarra por su –aparentemente- incontenible expansión; si acaso  fuera posible una futura contracción y repetición del ciclo como soñó el genio loco convaleciente en Sils Marié; “El eterno retorno de todas las cosas” nos tendrá deparada  entonces,  la alegría inmensa  de un ciclo inagotable de recurrentes encuentros; porque de algún modo, todo volverá a ser como alguna vez fue…  De comprobarse   lo segundo, es muy plausible que haya universos donde Andresito no ha muerto y se salvó contra toda probabilidad de esa cuarta -y complicada- intervención y, a lo mejor traveseando en una de esas, lo atrapa un puente Einstein – Rosen, que le permita el anhelado regreso con nosotros a este hogar en donde siempre habrá un lugar muy  especial para él… Empero, si ambas hipótesis están erradas, pues  volveremos a ser polvo de estrellas y, finalmente,  al origen primordial  al vació cuántico, al incesante vacío-nacimiento; y nada quedará como testimonio de nuestro efímero paso por este contradictorio mundo, ni  de los años felices  que vivimos juntos…

En una escena de la película de culto “Jacob´s Ladder”, Louis (Danny Aiello) el quiropráctico y amigo de Jacob Singer (Tim Robbins) a raíz de las pesadillas y vivencias que recurrentemente lo atormentaban, sobre todo la de su pequeño hijo -que muriera atropellado poco antes de su estadía en Vietnam-, citando al filósofo medieval Meister Eckhart, intenta explicarle que es nuestro miedo a abandonar este mundo y el renunciar a nuestros afectos y a nuestros apegos, lo único que verdaderamente arde en el infierno bajo la forma de demonios que -sin piedad- nos atormentan… pero que si renunciamos a ellos, y si dejamos de resistirnos a la muerte, esos mismos demonios se tornan    en  ángeles que nos conducen al cielo… Lo que Meister Eckhart no sabía -y probablemente no tenía forma de saber- es que “cielo e infierno” sólo tienen como único y posible escenario a nuestra breve  existencia terrenal.

A lo mejor con el tiempo, y sólo con el tiempo, aceptaré dejar marchar por fin a mi pequeño… y entonces,  sólo entonces, la dolorosa realidad de su partida transmutará la evocación de su recuerdo hacia la forma de un ángel de esperanza, gratitud y consuelo…

Eso será alguna vez… Entretanto  -y  escuchando- “Years could go by” de “The devlins”; como todos los días de mi vida, a  estas horas lo recuerdo y un tropel de vivencias irrumpe… desbordando la capacidad de mi memoria… y es entonces que lo siento más que nunca, (como diría Cortázar): “… presente en todas partes como son las ausencias…”; porque todavía me parece que de un momento a otro se asomará por  debajo de  mi cama… porque nunca imaginé que alguien tan pequeño pudiese ser capaz de generar un vacío tan grande… porque un sueño recurrente y lúcido me atormenta por las noches… “es mediodía y hay alboroto por el sonido del motor -que han escuchado mucho antes de llegar yo a casa-, estaciono, entonces se emociona y pide a mi madre que lo cargue para verme llegar desde la ventana… lo miro a contraluz y mi corazón se alegra… para cuando llego a la puerta, ya ha descendido al nivel del suelo, y puedo escuchar con nitidez su emocionado ladrido ronco de perro más grande, haciendo dúo con los agudos chillidos de nenita (su hija y amiga)… subo las gradas y  corre a esconderse bajo la cama; lo sigo, asoma apenas su cabeza, ladra y se vuelve a esconder… finjo desinterés y entonces sale, me vuelvo hacia él y se rinde jugando al muertito… y es cuando  lo alzo entre mis  brazos, lo elevo  por los aires, lo recibo, me mira, lo acaricio  y vívidamente percibo  el calorcito de su cuerpo, sus lengüetazos afectuosos, su olorcito dulzón… y no   quisiera volver a despertar…”

Porque cuando el destino, que suele ser  avaro, nos premia con la presencia de seres que parecen nacidos únicamente para la dicha y felicidad nuestra; quisiéramos que no se mueran nunca y que vivan con nosotros para siempre… Pero la única verdad verificable, más allá de estas inútiles disquisiciones, es que Andresito ya no está ni volverá a estar nunca… y que desde la penumbra azul de esta tarde de invierno, y desde el umbrío rincón de esta fría habitación, simplemente  no hay palabras que puedan expresar mi amargura y desconsuelo….


GUSTAVO ROZAS VALZ (Junio 2014)


…Todas las rosas son blancas,
tan blancas como mi pena,
y no son las rosas blancas,
que ha nevado sobre ellas.

Antes tuvieron el iris.
También sobre el alma nieva.
La nieve del alma tiene
copos de besos y escenas
que se hundieron en la sombra
o en la luz del que las piensa.

La nieve cae de las rosas,
pero la del alma queda,
y la garra de los años
hace un sudario con ellas.

¿Se deshelará la nieve
cuando la muerte nos lleva?
¿O después habrá otra nieve
y otras rosas más perfectas?

…¿Si el azul es un ensueño,
qué será de la inocencia?
¿Qué será del corazón
si el Amor no tiene flechas?

…¿Si la muerte es la muerte,
qué será de los poetas
y de las cosas dormidas
que ya nadie las recuerda?

…Hoy siento en el corazón
un vago temblor de estrellas
y todas las rosas son
tan blancas como mi pena.


(Fragmentos de ‘Canción Otoñal’, de Federico García Lorca).

2 comentarios:

  1. Casi no pude leer...las lágrimas no me lo permitían. Hermosas palabras para nuestros pequeños que se adelantaron pero con seguridad estarán ahí esperando para ayudarnos a cruzar el puente con el mismo amor de siempre. LAU. desde Mexico...

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