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viernes, 16 de mayo de 2014

ARGUEDAS ES NUESTRO








Todo hombre no engrilletado ni embrutecido
 por el egoísmo, puede vivir, feliz, todas las
patrias… “– José María Arguedas


                                              
Muchos de los que hemos leído y disfrutado las novelas y los cuentos del gran José María Arguedas, estamos ya cansados de que se le ensucie asociándolo injusta y arbitrariamente a la bandera roja con la hoz y el martillo; esa sucia bandera que simbolizó al Marxismo-Leninismo-Maoísmo de ‘Sendero Luminoso’ y que significó para los peruanos decenas de miles de muertos por su causa; la misma causa genocida que, con un engañoso discurso -supuestamente reivindicativo-, sirvió de perversa justificación para que se torture y asesine impunemente a decenas de millones de personas en todo el mundo (ExURSS, China Popular, Camboya, Corea, Cuba, Europa del Este y un largo etcétera).

Quienes realmente hemos leído y disfrutado cada una de las líneas escritas por Arguedas, hemos podido sentir la ternura de su corazón en su pluma. Entonces, nos resulta pues imposible creer que, de aquel hombre tierno, sensible y piadoso, hubiera aflorado jamás un sentimiento mezquino y mucho menos un instinto asesino que pudiera siquiera imaginar el hecho execrable de entrar a un pueblo y matar a un perro colgándolo de un poste y pasar casa por casa asesinando a familias enteras y amontonando sus cadáveres en la calle. Debemos recordar con claridad que, Sendero Luminoso, asesinó principalmente a campesinos; sus víctimas predilectas y con quienes mayor ensañamiento demostró fueron indios, gente muy humilde que nunca tuvo la opción de defenderse.

Arguedas, como es sabido, fue criado por la servidumbre y convivió desde sus primeros años con los indios que servían en casa de su padre. Conoció el amor, la solidaridad y la protección de primera mano con estas personas… jamás se le hubiera pasado por la cabeza asesinar a un campesino ni mucho menos matar a un niño ni a un inocente animal colgándolo de un poste, como lo hacían a diario las huestes asesinas de Sendero Luminoso… pues simplemente ¡jamás! Eso sería imposible. Es más, quienes de alguna manera lo hemos conocido a través de sus novelas y de sus cuentos, podríamos asegurar que Arguedas hubiera sido incapaz de matar absolutamente a nadie, ni humano ni animal… ¡nadie! Y jamás hubiera aprobado o celebrado que se coloque una bomba en un auto o en un local para que mate a decenas de inocentes; eso lo podríamos asegurar categóricamente y sin espacio a dudas.

Sin bien es cierto que simpatizó con el comunismo… y antes de rasgarnos las vestiduras y despacharnos  despotricando con discursos macartistas, ubiquémonos en el contexto histórico que le tocó vivir. Por aquel entonces, la mayor parte de la intelectualidad mundial simpatizó con esta corriente ideológica. Recordemos que ésta se vendió por entonces como la gran alternativa política de reivindicación y de justicia para enfrentar al fascismo (nada más falso, ya que en la práctica solo trajo terror, muerte, sufrimiento, atraso y más pobreza. Pero ese es otro tema). Por entonces, la Cortina de Hierro tenía plena vigencia y el Muro de Berlín recién se levantaba y los mecanismos de información eran muy precarios. Era fácil, pues, caer en el engaño; con mayor razón tratándose de una persona sensible y con sed de justicia y que fue testigo desde muy niño de los abusos que cometían los terratenientes con los campesinos.

No lo podría asegurar, ya que no me consta –ni me podría constar a estas alturas-, pero temo que uno de los detonantes que finalmente lo llevaron a tomar la fatal decisión de suicidarse (por segunda y definitiva vez, ya que hubo una primera que se frustró),  fue su tormentosa relación con la terrorista chilena Sybila Arredondo. Si bien,  ella lo acompañó en sus últimos años, y él ya había intentado acabar con su vida en una anterior oportunidad y sufría desde tiempo atrás de profundas depresiones; esta mujer criminal, en todo caso, poco ayudó a que él se recupere y su presencia solo sirvió para manchar de sangre la biografía de nuestro gran escritor indigenista; ya que por su relación con ella, se le sigue asociando injustamente con el violencia asesina de la hoz y el martillo. Los defensores de estas hordas criminales, creen haberse comprado el nombre y la imagen de nuestro querido escritor, ensuciándola con sangre… equivocados están. Podrán engañar a quienes nunca lo leyeron, a nosotros, no.

Finalmente, debemos tenerlo claro: Arguedas es sinónimo de buena literatura, de poesía, de ternura y compasión. Arguedas es sinónimo de sed de justicia, de reivindicación y de nobleza de espíritu. Arguedas es el sentir del indio y su particular idiosincrasia. Arguedas son sus novelas, sus cuentos y sus poemas. Arguedas no es la hoz y el martillo, ni la bandera roja ni Sendero Luminoso. Arguedas es inmortal, es peruano, es nuestro, es de todos los que lo hemos querido y que honramos su memoria leyéndolo y conmoviéndonos con su obra.



MAURICIO ROZAS VALZ
     

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