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domingo, 15 de diciembre de 2013

ÚLTIMA CARTA DE AMOR









Lima, 7 de abril de 2005



Hola mi amor:

Para cuando leas esta carta estaré a miles de kilómetros de ti. No digo esto pensando que mi alejamiento te provocará algún dolor ni te hará recapacitar; solo aprovecho la ventaja de la distancia para imaginar que mientras lees esta carta tomas el teléfono llorando (pero de furia, no de tristeza, tú no sabes lo que es eso). Sé que eso no sucederá, pero al menos estando en el avión me quedará el consuelo de la duda. Imaginaré arbitrariamente que me llamaste desesperada para insultarme, que no reíste ni enseñaste mi carta a tus amigas burlándote para luego botarla; total, de todas maneras ya no podrán mirarme con sorna cuando camino por la calle; creo que eso es un alivio.

Pero bueno, vayamos al tema de fondo: quería decirte que en los cinco largos años que te acompañé de la mano conocí muy de cerca el infierno. La realidad superó a la ficción y empecé a creer en el demonio, ya que dormía a mi lado y tenía forma de mujer (como lo explicó aquel cura  del colegio al cual no le creía, pero vaya que tenía razón).

Nunca podré olvidar  las infinitas veces que me serviste la cena fría y con un gesto de desprecio, las otras cientos de veces que estuve muy enfermo y te burlaste de mis dolencias llevándome a la cama el café frío y sin endulzar.  “Si quieres nomás”,  fue la frase que acuñaste cuando de atenderme se trataba. Aún me pregunto: ¿qué me pasó? ¿Por qué cuando era al revés yo te atendía con tanto cuidado y cariño? No lo sé… nunca lo podré entender. 

Al comienzo, cuando recién empezaron tus maltratos, pensé que se trataba de una venganza, de un simple desquite por aquellos meses en que me conociste y tenía otra novia. Yo nunca quise lastimarte, además, eso duró solo pocos meses y finalmente fuiste tú quien me buscó y se metió y saliste con tu gusto.

¿Qué explicación me podrías dar  sobre las razones de tus interminables rechazos aquellas noches en que te quise para mí? Aún tengo en mi mente grabada tu expresión de asco secándote mis besos de la mejilla con el antebrazo; las otras cientos de veces que disfrutabas dándome la contra en cualquier tema polémico con los amigos comunes; el placer que encontrabas desmintiéndome en público; tu sonrisa de oreja a oreja al ver mi expresión de desagrado al ver en la mesa los platillos que odiaba y que adrede enviabas a preparar con la señora que nos atendía; el gusto perverso que le encontrabas en estar de acuerdo siempre con mis falsos amigos (con los que siempre supiste que eran mis no tan secretos detractores). Quizás y hasta con alguno de ellos me engañaste (o con más de uno), más por el placer de humillarme que por lo que te pudieran gustar, no tengo la prueba pero podría asegurarlo. Pero bueno, ya tampoco importa.

Resalta también en mi mente el rostro fiero de tu puta madre, sí, de esa vieja maldita,  de la mismísima puta que te parió. Debí deducirlo, nada bueno podría salir de ese monstruo. Me vi reflejado en el rostro de tu padre, aquel pobre hombre que era lo único valioso de toda tu apestosa familia. Me vi retratado en su rostro y hace dos semanas decidí huir de ti, sí, huir despavorido. A tu pobre padre le faltaron cojones para dejarlas; sí, dejarlas: a ti, a tu madre y tus dos reputas hermanas. Pobre hombre, lo compadezco y le agradezco por ayudarme con su desgracia a ver el espantoso futuro que me esperaba a tu lado.

También tengo presente la interminable cantidad de camisas que me quemaste con la plancha y adrede; a pesar de pedirte que no lo hicieras y te dije que le pagaría a una muchacha para que lo hiciera; pues tú te ofrecías para consumar tu maldad. No llego a entender nada, ni qué sería ‘eso’ que nunca pudiste perdonarme y hacía que me odiases tanto, ni mucho menos llego a entender por qué yo lo permitía.

Me voy también sin entender por qué me llamabas llorando para manipularme, suplicarme y hacerme regresar todas las veces que intenté dejarte. No entiendo nada ni lo entenderé.

Pero se acabó pues, esta vez sí. Sé que si sabes dónde me encuentro me buscarás porque extrañarás a quién hacer lo que más te gusta, es decir: hacerle la vida imposible a quien esté a tu lado. Pero no todo es malo, hay algo que te agradeceré hasta el final de mis días, debes de adivinarlo ¿no? Sí, justamente eso que estás pensando, el no haber querido darme un hijo; las probabilidades de que saliera un monstruo como su madre o sus tías o su abuela maternas, eran altísimas, y además me hubiera amarrado al infierno (es decir, a ti) hasta el final de mis días. Muchas gracias por eso.

Para cuando leas esto serán aproximadamente las nueve de la noche. Yo ya estaré descansando en mi nueva cama, en mi nuevo hogar, en mi nueva ciudad. Botarás la carta  (lo sé, si casi te estoy viendo), pero llegará el fin de semana, el domingo, irán pasando los días y me extrañarás; no tendrás a quien joder. Pero jódete, idiotas como yo no abundan, dudo que alguien quiera quedarse contigo. De tan malvada te has puesto muy fea, estás toda desmondongada, fofa y vieja… y además la boca te apesta a desagüe por tu halitosis.  Pero por si acaso acepta este humilde consejo: si por ahí apareciera un nuevo pretendiente incauto y ciego, nunca… lee bien… ‘nunca’ le presentes a la puta de tu madre ni a tus repugnantes hermanas porque huirá despavorido.

Ah… hay algo más, no he pagado la hipoteca de la casa hace ocho meses y la cobranza ya debe de haber pasado a legal. Prepárate para las cartas notariales, las demandas judiciales y tu inminente lanzamiento porque sé positivamente que no conseguirás el dinero necesario… y ni tu pobre padre ni la puta de tu madre ni las reputas de tus hermanas están en condición de ayudarte. En verdad eso sí me da mucha pena, pero no por el hecho de que te lancen, sino porque no podré ver tu expresión de angustia y desesperación al verte con tus trastos en medio de la calle. Me hubiese encantado ver eso.

Eso es todo mi amor, espero que la próxima vez que te vea estés dentro de un cajón de caoba y con algodones en la boca y la nariz. Me las ingeniaré para abrir el cajón y escupirte.

Te voy a extrañar, besos




Tu ex 




p.d. Jódete.




 

MAURICIO ROZAS VALZ                                             




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