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lunes, 27 de febrero de 2012

OLVIDO







Continuamente nos quejamos del olvido. Criticamos duramente a quienes suponemos que nos olvidaron y, extrañamente, si nos preguntamos quiénes nos olvidaron, no lo recordaremos con claridad. Es que también nosotros olvidamos. El olvido genera olvido. El olvido verdadero es húmedo y frío; tan húmedo que es imposible encenderlo y tan frío que imposible también es calentarlo. El verdadero antónimo del amor no es el odio, es el olvido, aquel que ni siquiera condena a morir en vida, porque una condena implica odio y venganza. Simplemente es dejar de existir para nuestras conciencias, casi sin querer, sin darnos apenas cuenta.

Esto me trae a la memoria algunas canciones de un conocido cantautor peruano que dicen: “Se me olvidó” “Si ni siquiera me acuerdo” etc. Absurda contradicción ¿Quién se tomaría la molestia de componer una canción inspirada en alguien que ya olvidó? ¿Qué necesidad tendría de recalcarlo? En fin, lo puedo comprender, hay espíritus débiles que no están capacitados para soportar el frío del desamor.

Tampoco el olvido es castigo, es sólo eso... olvido. Contradictorio además, porque muchas veces anhelamos olvidar a alguien o algo, y cuando al fin creemos haberlo conseguido, es justo en ese momento que se confirma que no fue así. Si verdaderamente hemos olvidado, nunca lo sabremos. Porque el olvido es ausencia de amor, ausencia de recuerdo, ausencia de pasado, es simplemente olvido, sólo eso.


MAURICIO ROZAS VALZ