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miércoles, 21 de octubre de 2015

CRIMEN sYn CASTIGO








A propósito del aterrador incremento de la delincuencia, tanto en el Perú como en otros países de la región con similares sistemas de juzgamiento en temas criminales, es necesario tener algunos puntos muy claros para no dejar espacio para la demagogia de algunos politiqueros oportunistas, quienes optan siempre por dos sugerencias inviables y febriles como: la instauración de la Pena de Muerte o la salida de las Fuerzas Armadas a patrullar las calles. La primera de la sugerencias, al margen de que sea disuasiva o no, justa o no, resulta inaplicable en nuestro ordenamiento jurídico y en nuestro posicionamiento internacional como país con estabilidad jurídica. La segunda no merece mayor análisis porque es un despropósito per se. No se contratan abogados para construir edificios ni médicos para llevar juicios… ¿o sí?

Los puntos a tener claros deben ser los siguientes

1.- Si bien son necesarios, tanto el incremento de efectivos, como el equipamiento y modernización tecnológica de la policía, resultan insuficientes, ya que NO se está atacando el problema de fondo. Poco se avanza teniendo una fuerza policial numerosa y bien equipada, si los delincuentes capturados son liberados a los pocos minutos u horas… o días o semanas en el mejor de los casos, ya sea por un fiscal o por un juez.

2.- La raíz del problema está en el sistema de juzgamiento, no en el trabajo policial. El sistema está claramente diseñado para favorecer al delincuente en perjuicio del ciudadano, por ende, LO QUE TIENE QUE CAMBIAR SON: LAS LEYES Y LOS SISTEMAS DE JUZGAMIENTO.

3.- Cuando se comete un crimen y el criminal es capturado, la policía elabora un parte y un atestado con el nombre completo del denunciante, su número de identificación y su dirección. Toda esta información cae en manos de los abogados de los delincuentes, quienes rápidamente inician su trabajo de amedrentamiento e intimidación a la familia del denunciante. Amenazas como ‘sé donde estudian tus hijos’, ´sabemos dónde vive tu madre’ no tardan en llegar y, como es de esperarse, rápidamente es retirada la denuncia y, al no presentarse cargos, el delincuente tiene que ser liberado. Entonces, debería diseñarse un sistema en el que SE PROTEJA A LA VÍCTIMA.

4.- Además de protegerse a la víctima, también debe de protegerse y rotarse a fiscales y jueces, quienes también suelen ser víctimas de amenazas o de ofrecimientos de jugosos sobornos. Son puestos entre la espada y la pared y tienen que optar entre dos opciones: a) recibo el soborno… o b) me matan. La elección no es muy difícil, ¿no?

5.- Las penas son DEMASIADO BENIGNAS. Aún en los casos en los que no haya denunciantes directos y los delincuentes hayan sido capturados en operativos policiales, las sentencias a prisión efectiva son por plazos muy breves y, sumado esto a los beneficios penitenciarios de 2 x 1 o 3 x 1, en pocos meses están de vuelta en las calles con renovados bríos. Este es el problema de fondo, que NO PASA NADA y los delincuentes lo saben bien. Al no haber temor al castigo, nada los detiene.

6.- Se debería, entonces, instaurar penas draconianas, severísimas; que vayan desde los diez años por un simple celular o una cartera, hasta de 50 años por robo agravado, 80 por secuestro y extorsión y 100 por asesinato y etc., con sumatoria de penas y SIN BENEFICIOS PENITENCIARIOS, es decir, que si un delincuente asalta, secuestra y mata, sumadas sus penas pasen los 100 o 200 años (no me he equivocado ni estoy exagerando, por si acaso). La idea es que todo delincuente probado que caiga detenido, no salga de prisión en mucho tiempo y de ser posible nunca. 

Está comprobado que, el delincuente de oficio, de cuna, ese que desde niño entra y sale de comisarías y reformatorios y que a cada rato cae… no cambia nunca, y es una amenaza para la sociedad. Así, cada delincuente detenido y sentenciado sería realmente un delincuente menos en las calles. 

El problema actualmente radica en que, mientras unos entran a la cárcel otros tantos salen, y siempre tenemos la misma cantidad de delincuentes en las calles. Si son siempre muchos más los que entran que los que salen, poco a poco las calles irán quedando limpias de esa lacra.

*FINALMENTE, y ya como breve conclusión: si tenemos claro que, el problema de fondo de la delincuencia, NO es el incremento de la actividad económica (como un perturbado ministro sugirió), TAMPOCO es la falta de efectivos y equipamiento policial… SINO LA IMPUNIDAD, habremos dado un gran paso en la solución de este grave problema que aqueja a nuestra sociedad.

¿Algún gobernante tendrá el valor y la voluntad política para atreverse a hacer estas reformas, sin caer en el chantaje y la tentación corruptora de las mafias enquistadas en el poder? Pregunto nomás.



MAURICIO ROZAS VALZ